Ojo - pestaña y ceja -: esto no tiene nada que ver con los otros 2 capitulos que prometí para mañana.
Saludos!
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- ¿Tú también sufres de insomnio? – le
preguntó Billie a Becca, mientras se sentaba a su lado.
- Sí.
- ¿Y cómo es que nunca nos hemos
encontrado aquí?
- Bueno, siempre me quedaba en mi
habitación. Pensé que podría despertarlos si es que salía.
-
Oh
Se quedaron en silencio.
- Joey me contó que solían salir a ver
las estrellas. – comentó Becca y Billie sonrió y miró el cielo.
- Si, era de lo mejor. Debería hacerlo
de nuevo – él se volvió hacia Becca y dedicó una sonrisa de complicidad.
- ¿Qué? – ella rió. Podría hacerme hacer lo que sea con esa sonrisa, tras lo que ella
se retractó mentalmente.
- Tengo un telescopio en el estudio.
Becca sonrió.
- ¿No deberías hacerlo con tu hijo? – el
negó y se paró.
- Esta noche es nuestra – dijo,
teniéndole la mano para pararla.
Becca le sonrió y la tomó, para luego
dirigirse al estudio y, mientras Billie buscaba, Becca se empeñaba en buscar
algo para comer y beber mientras tanto.
- ¿Tienes otra cosa que no sean papas
fritas y cerveza?
- Mm… hay vodka y whisky también.
Becca negó con la cabeza.
- Me refería a comida de verdad.
- Ah, eso está en el refrigerador de la
cocina. Acá solo vas a encontrar alcohol y comida rápida – el hombre dijo aun
buscando en el pequeño depósito que había en aquel cuarto -. Creo que hay un
poco de pizza.
- Oh, sí. Tomaré eso. ¿Qué quieres para
tomar?
- Sácame un par de cervezas.
- Bueno.
- ¿Qué quieres tú?
- Me gustaría algo frío
- Cerveza – le ofreció.
- ¿Soy yo, o amas la cerveza? – le
preguntó con una mueca.
Billie negó con la cabeza.
- No nena, amo la música, la cerveza es
un complemento. – le dijo con voz seductora. Becca rió.
- ¿Acá graban? – cambió de tema.
- Cuando las canciones son nuevas. Nadie
puede escuchar lo que pasa aquí. Nadie.
- Genial. ¿Entonces nadie escucha lo que
estamos hablando ahora?
- Así este pegado a la puerta.
- Wow. Armstrong, no sabía que eras tan
reservado. – dijo la adolescente, aumentando el tono de su voz. Ya no
necesitaba susurrar todo lo que decía.
- Bueno sí. Podrían pasar tantas cosa
aquí sin que alguien se entere… - le guiñó el ojo a la adolescente mientras se
le acercaba. Esta enrojeció –. Es una broma.
- Lo sé. Me es inevitable enrojecerme –
comentó riendo.
- ¿Vamos afuera? Ya encontré el
telescopio. – le sonrió, tras lo que sacó una cámara y la guardó dentro del
bolsillo de su pantalón, sin que la adolescente se diese cuenta.
Ni bien salieron del estudio y apagaron
todas las luces, Billie tomó la mano de Becca para guiarla hasta el patio, ya
que él conocía el recorrido de memoria, a diferencia de ella.
La adolescente se sorprendió al sentir
el contacto de su piel contra la de su compañero, puesto que había sentido una
especie de corriente entre ambos.
Una corriente que también Billie había
sentido.
Sin embargo, no bien llegaron al patio,
donde la luz de la luna iluminaba, se soltaron y Becca se sentó en el pasto,
mientras Billie armaba el telescopio.
- Joey me dijo que no se podía ver
ninguna constelación – comentó Becca rompiendo el silencio que se había
formado.
- No necesariamente tiene que ser eso –
Billie la miró y le sonrió.
- ¿A qué te refieres?
- Espera un segundo… - cuadró el telescopio
en su lugar y luego movió el lente un par de veces – ya. Mira, Becca.
Esta le hizo caso y se quedó completamente
fascinada.
- Es tan… hermoso – dijo mirando
tontamente la luna a través del objeto -. Es mil veces mejor que una imagen de Google.
Billie rió.
- Hay veces en que se ven millones de
cosas, una vez vi a Júpiter. Pero para hacerlo ahora tendría que sacar una
brújula y eso. Es recontra complicado – Becca dejó el telescopio y lo miró -
¿Qué?
- Nada.
- Dime – insistió el hombre abriendo su
lata de cerveza.
- Sólo que… no sabía esto de ti.
- ¿ah? – no le había entendido.
- No sabía que te gustan ver las
estrellas – explicó la adolescente.
- Bueno sí. Pero créeme, hay muchas
cosas que yo no sé de ti – le dijo Billie.
- Bueno sí. Pero créeme, hay muchas
cosas que yo no sé de ti – copió la frase Becca.
Billie rió.
- ¿Qué te gustaría saber? – le preguntó.
- Ya hemos tenido esta conversación
- Sí, pero aún sigo queriendo saber
cosas de ti.
- Lo mismo digo.
Ambos se sonrieron.
Linda
sonrisa. Pensó Billie Joe pero sólo dijo:
- Bien… pregunta.
Becca se hizo la pensativa.
- Bueno… me gustaría saber cuántas
novias has tenido.
- Uy, esa es difícil – Billie sonrió.
Sonrisa
encantadora. Pensó Becca.
- ¿Tantas hay?
- ¿Verdaderamente? Sí.
Becca negó con la cabeza. ¿Cómo no se le
había ocurrido? Era una estrella de rock. Las estrellas siempre tienen muchas
relaciones.
- Es increíble que hayas tenido tantas
novias y que duraras tanto con Adrienne. ¿Cómo supiste que era ella la
indicada?
- Cuando tenía trece, comencé a salir con
una chica, que se llamaba Rose, ella tenía dieciséis – Becca se sorprendió -.
El punto es que ella quiso… bueno, tú sabes… y yo, como el niño que era, no me
negué.
- ¿Qué tiene que ver eso con…?
- Tiene que, cuando lo hice con alguien
que si amaba, fue completamente distinto. Con Addie fue especial hasta el
primer beso que le di. ¿Comprendes? Todo es completamente distinto.
- Ah – dijo simplemente.
- ¿Ahora puedo yo hacerte una pregunta?
- Claro.
- Eh… - se calló.
No
puedes preguntarle eso, Billie-idiota-Joe, se regañó a sí mismo.
- Eh… ¿qué? – cuestionó Becca.
- Nada.
- Dime Armstrong.
- No, no es nada. – se negó a hablar.
- No seas así.
- Es algo estúpido y, en tal caso, prefiero
darte el beneficio de la duda.
Becca blanqueó los ojos.
- No creo que sea algo estúpido – se
sinceró.
No
creo que sea tan estúpido, se corrigió mentalmente.
- ¿En serio quieres saber? – por favor, por favor di que no. rogó
Billie.
- Sí.
Mierda.
Maldijo, tras lo que tomó aire, le dio un trago a su cerveza y cerró los
ojos.
- ¿Eres virgen? – preguntó rápidamente.
- Oh. No… no esperaba que preguntases…
eso – titubeó la mujer.
- Te lo dije, es algo completamente
idiota.
- No – dijo ella simplemente.
¿Ah?
¿A qué te refieres, Becca?
- ¿No qué? ¿No es estúpido o…?
- Lo otro.
¡¿Qué?!
- ¡¿Qué?!
- ¿Por qué te sorprendes tanto? Tengo
dieciséis no trece – se lo echó en cara.
- Eso fue bajo. Y no tienes dieciséis,
tienes quince.
- Es casi lo mismo – se quedaron en silencio
–. ¿Por qué tal reacción?
- No lo sé – Becca alzó una ceja–. En
serio no lo sé. Quizás porque nunca trajiste a nadie a la casa.
- Lo sé. Fue algo bastante estúpido. Al menos
él hizo bien su parte.
Billie negó con la cabeza.
- Estás muy equivocada. No tienes idea
de qué es el amor.
- Te apoyo.
- Y...
- Y… - ambos de rieron – Sea lo que sea
que estés pensando, por favor dímelo – imploró Becca.
- Estoy pensando en dos cosas. – Billie
no dijo nada más, en cambio, abrió la segunda lata de cerveza. Ahora solo le
quedaba una.
- La primera es…
- Addie me contó lo que le dijiste hoy.
- Ah.
Ay
no. Pensó ella.
- Ella estaba completamente emocionada
¿sabes?
- Ah.
Dios,
¡mátenme! Pensó nuevamente la adolescente.
- ¿Te molesta que lo mencionara? –
Billie se dio cuenta de la incomodidad de la morocha.
- Eh… no. no exactamente.
- No entiendo.
- Es que… para mí es difícil decir lo
que siento. Así que me resulta raro
habérselo dicho a Addie.
- Ah.
- ¿Cuál era la otra cosa que estabas
pensando? – cambió de tema.
- Pensaba en degollar a ese idiota con
el que tú…
- Actúas como si fueses mi padre –
interrumpió mientras reía.
- Soy lo más cercano de eso – dijo
Billie sin pensarlo siquiera.
Becca miró el suelo y su sonrisa se
evaporó.
- Sí… lo sé – susurró reprimiendo las
ganas de llorar que sentía de pronto.
- Discúlpame… no debí decir eso. – ¡Dios! Por favor, por favor no llores. Agregó
Billie Joe en su mente.
- Lo sé.
- En serio lo siento – se disculpó de
nuevo. Sólo dime qué quieres y lo
tendrás, Becca, pero no llores. Pensó nuevamente el hombre.
- No importa.
Se quedaron en silencio.
- ¿Te digo algo? – Becca lo miró con los
labios levemente separados. Cómo me
gustaría besarla. Pensó Billie y luego reaccionó: ¡¿Qué mierda me sucede?! Y Becca, ignorando lo que Billie pensaba,
prosiguió: - No pareces para nada mi
padre.
- ¿Físicamente? – Billie le dio otro
trago a su cerveza.
- Emocionalmente y mentalmente también.
- ¿Me estás diciendo que no soy cuerdo? –
Billie se hizo el ofendido.
- Más bien maduro. En algunas cosas,
claro.
- ¿Cómo qué?
- Como que actúas como un chiquillo e
dieciséis. Más pareces mi amigo que mi padre.
- ¿Y eso es bueno?
- Claro. Es mejor que un padre
trabajador de oficina – ambos rieron.
- Si fueses mi hija en serio, no te
parecerías a Addie.
Becca se rió.
- ¿Por qué?
- Porque ella detesta que sea “chiquillo
de dieciséis” – hizo las comillas pertinentes.
- Bien, entonces soy igual a ti.
Se rieron nuevamente.
- No en serio – dijo Billie –, eres como
la hija que me hubiese encantado tener.
Becca sonrió.
- Que bueno no ser la hija no deseada – Billie
se sonrió.
- ¿Sabes algo? Igual sigo pensando que somos
más amigos que padre-hija – dijo abriendo la tercera lata de cerveza, a pesar
de no haber terminado la segunda.
- Pienso lo mismo. Pero… puedes actuar
como tal si así lo deseas.
- De acuerdo. ¿Entonces puedo matar al
idiota que… bueno, tú sabes?
- No sabes dónde vive – canturreó
- Pero tú puedes decírmelo – canturreó
él de vuelta.
- Eres un inmaduro.
- Hay que brindar – ofreció Billie de
pronto.
- ¿Por tu inmadurez? – Becca se rió y
Billie blanqueó los ojos ante tremenda ocurrencia.
- No, tonta. Por nuestra amistad.
Entonces Billie le dio la lata que había
abierto y Becca la recibió.
- Por nuestra amistad…
- … para que nunca se termine.
Y bebieron.
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