25 de febrero de 2013

Anywhere - Chapter 22: Tricks, declarations, Las Vegas and Christmas.


Ya había pasado un buen tiempo. Casi cinco meses desde el cumpleaños de Becca. Ya había pasado el cumpleaños de Tré, también, cuando los chicos de fueron a Las Vegas para celebrarlo. Obviamente Adrienne ni ninguna de las esposas, novias o lo que tuviesen, se enteraron. La única que supo del plan fue Becca.

- ¿Las Vegas? ¡¿Te vas a Las Vegas y no me llevas?! – exclamó Becca ni bien Billie le contó el plan.
- Sí, pero no abras la boca. Adrienne no lo sabe.
- ¿Por qué? ¿No que se cuentan todo?
- Sí, pero… no lo sé. No creo que sea una buena idea. Después de todo, es Las Vegas, baby.
La adolescente se rió dándole otro sorbo a su lata de Coca-Cola.
- ¿Y cuál es tu excusa?
- Aún estoy pensándolo. No estoy seguro.
Rebeca suspiró.
- Billie… la verdad no creo que sea bueno que le mientas así.
- Creo que le voy a regalar un viaje para compensar.
- Billie…
- Sólo será una vez. Y no voy a hacer nada malo.
- Es la ciudad del pecado.
- Sí, pero sé controlarme. Además, necesito una escapada, Addie está medio rara.
- ¿Cómo rara? Yo la veo normal.
- Me refiero como esposa. Me evita.
- Quizás has hecho algo… o estás loco. ¿Igual irás a Las Vegas?
- Definitivamente. Ya tengo mi boleto.
- ¡¿Qué?!
- Sí, no le digas a nadie.
- Nunca.

Así fue, Becca guardó el secreto durante el viaje de tres días y cuando volvieron, todo siguió igual de siempre. Becca no llegó a enterarse de qué pasó hasta después de una semana de la llegada de los músicos, cuando Billie entró a su habitación alrededor de las dos de la madrugada con cara de haber sigo atropellado por cuarto camiones.

- ¿Billie? – preguntó la adolescente, que estaba medio dormida.
- Necesito hablarte.
Becca se sobó los ojos y se incorporó en la cama, donde él se había sentado.
- ¿Que sucede?
- Las Vegas
- ¿Las Vegas? ¿Qué tiene Las Vegas? ¿Addie se enteró?
- No.
- ¿Entonces?
- Yo… tengo un cargo de conciencia.
- Explícate.
- La engañé, Becca. La engañé sin darme cuenta siquiera.

Después de la charla de esa noche, Becca estuvo enojada con él por una semana, ya casi hasta vísperas de navidad. Nunca le pidió que le contara los pormenores del engaño, sólo atinó a consolarlo y aconsejarlo. Por lo demás, no quería saber.
Dos días antes de navidad, Tré vino con la noticia que pasaría las fiestas en Nueva York, con sus hijos.
Jake le rogó a su tío que se lo llevara con él, a tal punto que Billie decidió ir ellos también. Pero eso significó un problema para Becca: ella no iba a ir.

- Eres una tonta – le dijo Billie cuando ella le preguntó que cuándo se irían –Tú también vienes. No sería capaz de dejarte sola.
- Ese es el problema, no quiero ser una carga.
- No lo eres.
- Eso parece.
- Becca… olvídate de eso. Irás y punto. Compré los pasajes en línea esta mañana y ¿sabes qué? compré cuatro. Y el cuatro no es para el perro.
Becca rió.
- Bien.
- Celebraremos navidad como una familia, como hicimos el día de acción de gracias ¿de acuerdo? Y ahora ya no estarás enojada conmigo ¿cierto?
- No, ya se me pasó.
- Lo siento, lo sabes.
- Sí, pero no es conmigo con quien deberías disculparte.

 Becca nunca supo si es que Billie se disculpó por eso con Addie, pero algo en su subconsciente le decía que no. Aparentemente porque eso significaba contarle que había estado en Las Vegas, cosa que quizás Billie no estaba dispuesto a decir.
Y con todos esos incidentes, llegó la navidad, la cual pasaron en Nueva York. Becca se sorprendió momentáneamente al enterarse que su amigo era dueño que un apartamento allí, pero luego recordó que era él también un músico reconocido a nivel mundial.
Pero, cuando llegaron del departamento, se dieron cuenta que sólo habían tres habitaciones: uno para Addie y Billie, uno para Jake y uno para Joey.
Becca miró de reojo a Billie ni bien él exclamó el hallazgo en la sala, Joey frunció la boca y Jake dijo que no iba a compartir su habitación.
- Quizás Joey y Jake pueden dormir juntos, Becca en el otro – propuso Adrienne ignorando a su pequeño hijo.
- Sí… es  buena idea – dijo Joey no tan feliz. No porque no hiciese dormir con su hermano, sino porque le encantaría compartir la habitación con la adolescente.
Entonces, como si Jake pudiese leer pensamientos, dijo:
- Mejor yo duermo solo y Joey y Becca en una habitación.
Billie miró a Becca, esta se encogió de hombros. Adrienne miró a Joey, que se encogió de hombros también. No parecía ser mala idea.
Pero, al final de todo, se decidió que los más pequeños duerman juntos y Becca separada por ser mujer. Joey sintió una punzada de desilusión, Jake, una de molestia y Becca, una punzada de culpa, por hacer sentir mal al pequeño y, sin darse cuenta, al más grande también.
Por otro lado, Billie también sintió dos punzadas: una de desilusión y otra de culpa. La primera, porque sabía que una parte de su ser quería ser él el que durmiera con Becca, por lo que la había separado de Joey. Y la segunda, que era de culpa, por pensar eso mientras estaba casado con Adrienne. 
Al fin y al cabo, durmieron así todas las noches que se quedaron, excepto una en la que Joey, en medio de la noche, tocó la puerta de la adolescente.

- ¿Becca? – preguntó él al otro lado de la puerta.
- ¿Quién…? – preguntó adormitada, sin poder adivinar a quién pertenecía esa voz.
- Yo, Joey.
- Ah, pasa.
Joey entró y se sentó al borde de la cama, Becca lo imitó. Se quedaron en silencio durante unos segundos, Joey mirándola y Becca fijando su vista a sus manos.
Él había soñado esa noche que le decía a Becca lo que sentía y, ni bien despertó, decidió que era tiempo de hacerlo. No podía pasar otro medio año queriéndola en secreto.
Becca no pudo más y lo miró, se sorprendió al verlo mirándola. Entonces, antes de que ella pudiese darse cuenta, Joey se acercó y le plantó un suave beso en los labios, tierno e inocente. Inocente porque era él poco más de un niño. Y ella una adolescente con enamorado.
Duró muy poco, un segundo o dos. Ni bien sus labios se juntaron, se separaron, pero aun así Becca pudo sentir la sinceridad en el beso.
Al término, ambos se quedaron mirándose, Joey sonrojado y Becca, extrañamente confundida. Pero, al final, no se dijeron ni una palabra y al cabo de cincuenta segundos, Joey se fue.

Dentro del resto del viaje no lo nombraron, como si no hubiese pasado absolutamente nada. Pero aun ese beso latía en la mente de Becca. Al final, ella terminó por estancarlo en una esquina de su memoria y se enfocó en otras cosas.
Por su parte Jake, casi a vísperas de navidad, pensó en hacerle un regalo a sus padres, pero no el típico regalo hecho a mano, sino comprar uno. Entonces le contó a Joey y este a Becca y los tres decidieron ir a comprar algo unos días antes.
Obviamente pagó Becca, porque era la única que poseía un trabajo, pero no le molestó para nada. Para Billie compraron un disco de The Clash, que consideraron que podría gustarle y a Adrienne, tras pensarlo más, una linda blusa.
Al llegar al apartamento, dejaron los presentes bajo el árbol, después de envolverlos y ponerles una dedicatoria:

Con mucho, mucho cariño de tus hijos Jake, Joey y Becca.

Eso podía entenderse de dos formas. La primera era que sus hijos eran los tres, y la otra era que sólo Joey y Jake lo eran, y por otro lado estaba Becca. Pero ya dependía del lector.
Ni bien dieron las doce de la nochebuena, le entregaron los regalos a cada uno. Billie amó el suyo, Adrienne se mostró más que sorprendida y Joey fue el más feliz con su regalo. Le regalaron una batería. Es decir, no la tenía ahí físicamente, porque Billie le contó que estaba en casa, pero era algo que realmente deseaba.
Jake, por su parte, fue feliz también con su regalo. Y Becca, recibió una notebook. Todos agradecieron por los presentes, en especial Becca a Billie, porque ella sabía que él había comprado su regalo, y viceversa.
Pero, había algo raro ahí, algo que no permitía que esa noche fuera perfecta. Nadie lo entendió entonces, pero luego pareció todo calzar. Había algo, algo que hacía que la relación entre Addie y Billie no fuese… normal.
Y eso perduró por más tiempo de lo que pensaron.


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