El año nuevo fue mucho más escandaloso.
Fuegos artificiales, fiesta, fotos, música y alcohol. Descontrol fue el adjetivo más exacto para describir lo que sucedió
ese día, pero a pesar de todo la pasaron bastante bien.
Por una parte, Becca había terminado con
Alex, y por otra, Adrienne parecía estar enojada con Billie Joe. Becca lo
atribuyó a que él le había contado lo sucedido en Las Vegas, pero luego de la
conversación que tuvieron días después, tuvo que descartar esa idea.
Becca
estaba en el estudio, practicando unos acordes con Billie, quien seguía
insistiendo en que aprenda, pero claramente no era el fuerte de la adolescente.
Ella persistía en que prefería tocar el piano, pero él se negaba diciendo que si
sabía guitarra, le iba a ser mucho más fácil aprender piano.
Ella
negó con la cabeza por enésima vez en el día, dejó la guitarra a un lado (la
cual cualquier fan de Green Day hubiese querido tomar) y se quedó en silencio,
absorta en sus pensamientos, cuando Billie habló de la nada:
-
Adrienne está enojada conmigo.
Becca
no pudo contradecirlo, porque ella también pensó que era verdad lo que decía.
-
¿Le contaste lo que Las Vegas?
-
No, obviamente. Sería para que se ponga peor. ¡Juro que no hice nada! – Becca
alzó una ceja irónicamente – Nada que ella sepa. Y puedo jurar que sólo fue lo
de Las Vegas, nada más. – El hombre suspiró – Voy a enloquecer.
-
¿Se lo has preguntado?
-
Sí, como un millón de veces y dice que todo está bien ¿tú la vez bien?
-
La veo bien, pero bien enojada. Lo raro es que es sólo contigo.
-
Sí, es sólo conmigo – se silenció un segundo -. Becca, no sé qué hacer.
-
Menos yo. ¿Tú qué crees que pase?
-
Ni idea. Se me ocurren muchas cosas.
-
¿Cómo qué?
-
Que no es mi Addie, que la raptaron los extraterrestres y le lavaron el
cerebro…
-
Algo más… ¿realista?
-
Que…. Que ella está con alguien más.
Obviamente Becca le dijo que eso era
imposible, y que ya se le pasaría pronto, pero no fue capaz contarle algo que
realmente tenía que decirle.
Ella se iba a mudar.
Ya había tomado la decisión, pero no había
tenido las agallas de decírselo, puesto que creyó que él tenía muchos problemas
como para pedirle que la ayude con la mudanza, así que sólo se lo contó a una
persona: Joey.
-
¡¿Qué?! ¿Cómo que te vas?
Becca
se encogió de hombros frente al ya adolescente.
- Conseguí
un apartamento bastante cerca y me alcanza para vivir bien ahí, los seguiría
viendo seguido. Sería como si no me hubiese ido – dijo con simpleza.
-
Pero vives bien aquí
-
Pero no es mi casa
-
Sí lo es. Lo sabes.
Joey
tenía razón, la habían tratado como en su casa.
-
Ya he estado mucho tiempo – intentó con otro punto.
-
Ya lo has decidido ¿no?
-
Sí – dijo en voz baja, que casi no se escuchó, pero fue suficiente para que
Joey sintiera un golpe en el estómago.
-
Y lo que diga no va hacerte cambiar ¿no?
Ella
sintió un nudo en la garganta y simplemente murmuró:
-
No
Se
quedaron en silencio, que Joey interrumpió.
- ¿Cuándo?
-
En una semana
-
¡¿Qué?! ¡No! ¡No puedes dejarme! – Becca se pasmó. ¿No puedo dejarlo? – Becca, tú ya lo sabes. Por favor, te quiero
mucho – Becca sintió que se congelaba, y Joey trató de arreglarla diciendo: -
Como amiga, como hermana. Y sabes que a mi padre le dará un ataque al corazón.
-
Sí, lo sé. Por eso te lo dije a ti primero.
-
Vas a matar a mamá también.
-
No, no lo creo. Y estoy segura, Joey.
Joey interpretó ese “estoy segura” como
“estoy segura de que tengo que irme” pero, en realidad, ese “estoy segura” fue
como “estoy segura que Addie no morirá de un ataque al corazón, porque ni
siquiera se inmutará cuando me vaya”
Y eso era cierto.
Uno de esos días, Becca había estado buscando
una manta en el cuarto matrimonial y, en uno de los cajones, encontró papeles
revueltos y arrugados que contenían la letra de last of the american girls, la canción que Billie le había
escrito. Pero no era sólo eso, sino que en el trozo de papel que contenía el
título, estaba su nombre: Rebeca, pero tachado y al lado estaba el nombre la canción.
Se le hizo un hueco en el corazón. Se
acababa de enterar que Billie escribió la canción para ella, y peor aún, Addie
ya sabía que esa canción no era suya.
Tardó un par de días en asimilarlo, y ni
bien lo hizo, fue hasta el cuarto matrimonial, entró sin tocar (porque estaba
segurísima que no había nadie) y sacó la hoja,
ya que se sentía mal por no haberle dicho que sabía el porqué de la
molestia de su esposa y fue al estudio.
- Billie. – dijo ella sorprendiéndolo
tomando y fumando en el estudio, con Blue colgada en el pecho y tocando acordes
al azar.
- Eh… hola – le contestó el hombre ofreciéndole
la botella que tenía en la mano. Ella se
negó fue directo al grano:
- Ya sé por qué Adrienne está molesta
contigo, y sé por qué me detesta a partir de ahora.
- Becca… - dijo ni bien Becca dijo la
última línea – Adrienne no te detesta ni mucho menos. Ahora dime, ¿Cuál es la
razón por la que ella está enojada?
- Last of the American girls – dijo con simpleza.
Billie frunció el ceño.
- ¿Qué tiene que ver esa canción con
Addie, contigo y conmigo?
Entonces ella sacó las hojas de su
bolsillo y se las entregó, tras lo que salió de la habitación per no sin antes
decir:
- Tiene que ella ya sabe que le
mentiste.
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