Es raro, porque últimamente ando quejándome de que no tengo tiempo para dormir, que tengo que estudiar y me estreso.
Pero, a diferencia de cualquier otro día, ayer... ¡dios! Ayer.
Ayer me quedé en la computadora. Sin Internet, sin videos de Castle cargados (cabe recalcar que estuve viéndome todos los capítulos de esa serie) y sin mensajes en el Whatsapp ni nada, mas bien, me quedé leyendo todo Anywhere en el Word. No se porqué, lo juro, no tengo idea porqué.
Y creo que una parte de mí se arrepiente, porque me he dado cuenta de muchas cosas a partir de eso.
Primero, que me he encariñado con los personajes. Es decir, Billie, Mike y Tré sí existen, y sí, los quiero a pesar que no los conozco ni ellos a mí; pero con Becca... es una cosa extrañísima, porque juro que me gustó su personaje desde el comienzo y a partir de eso, comencé a crearle una personalidad parecida a la mía (especialmente por la parte en que da respuestas creativas) y, no lo sé, me divierte. Pero, así como me he dado cuenta de eso, me ha caído como balde de agua fría el hecho que quizás jamás lo termine. Como dije, no tengo tiempo, no tengo inspiración, sólo puedo enfocarme en una cosa: ingresar a la universidad, y eso e hizo darme cuenta de otra cosa.
Tengo que crecer.
Tengo que volverme responsable y dejar todo lo que era familiar para mí. O sea, si ingreso, no voy a conocer a nadie. Mi promoción (que son como mis hermanos) no van a estar ahí y quizás a muchos ni los vuelva a ver. Ya no voy a poder relajarme en la U, ni presentar la tarea al día siguiente. No voy a tener un horario establecido durante un año. No voy a encariñarme con los profesores, ni jugaré voley con ellos, ni me bromearé, ni los sacaré de quicio sin que me boten de la clase.
Muchas cosas van a cambiar. Y tengo miedo.
Tengo miedo de los cambios que conlleva crecer.
Y eso me llevó al tercer punto:
Que todo es inevitable. Los cambios, el crecimiento, todo, es inevitable. Es como pretender que no se derrita un chocolate bajo el sol sofocante, o que llegue la noche al final del día.
Y que tengo que aceptarlo.
¡Que me queda!
Entonces me dí cuenta de algo más: Que no hay peor que esforzarte en hacer algo que finalmente, sabes, no te va a gustar. Y quizás ese sea mi mayor miedo. Porque ni siquiera sé si la carrera me va gustar, si la universidad me va a gustar. Y tengo miedo de escoger mal, y gastar tiempo (y dinero) por la puras.
Fue desde ese instante en ya no puedo ni pegar un ojo. Ni el resto de la noche, ni en el micro de regreso del colegio. Y me es preocupante (no la incapacidad del sueño) porque, después de todo (y sobre todo), me di cuenta que no sólo son verdades dolorosas, sino inevitables.