Becca abrió un ojo con bastante dificultad. Comenzó a sentir un dolor terrible en la cabeza.
Mierda, pensó.
Con aún más dificultad, miró a su alrededor sin siquiera moverse. No tenía la menor idea de dónde estaba.
Intentó levantarse, pero sintió algo encima de su cuerpo que se lo impedía. Miró por debajo de las sábanas blancas y divisó un brazo tatuado rodeándole el cuerpo.
Empalideció.
Medio millón de cosas se le atravesaron en la mente en ese instante intentando explicar el hecho de que estuviera en la cama con un hombre.
Ninguna de ellas le gustaba.
Lentamente, salió de la cama y suspiró al verse vestida.
Bueno, una hipótesis menos, pensó la adolecente.
Caminó hasta el baño y se encerró ahí haciendo el menor ruido posible. Hizo sus necesidades y se lavó la cara como diez veces.
Seguía viéndose fatal.
Salió del cuarto y se encontró con su acompañante sentado en la cama, con la sábana enroscada alrededor se su cuerpo.
Este la miró por dos segundos y luego dijo con voz pastosa:
- ¿Qué pasó?
