- No puedo creer que vayas a mudarte a mi casa. – dijo Billie con una sonrisa.
Ambos se encontraban empaquetando las pocas pertenencias de Becca en su casa, después de que él la fuera a recoger a la escuela.
- Estás más feliz que yo ¿eh? – dijo ella riéndose.
- ¿Acaso no estas contenta? – preguntó haciendo un pequeño puchero, haciendo que la adolescente se ría con ganas.
- Claro que sí, Billie – dijo una vez que dejó de reírse –. Sólo que…. No sé, se me es extraño mudarme a tu casa. Tanto que quería deshacerme de ti y ya no puedo – bromeó.
Billie se hizo el ofendido.
- ¿Sabes qué? Estás despedida. – Becca lo fulminó con la mirada. Y tras unos segundos, ambos se largaron a reír.
Estuvieron arreglando por un rato en silencio, silencio que Becca se encargó de romper.
- ¿Tienes hambre? – el hombre asintió y Becca se fue a su imitación de cocina para preparar algo.
Hizo un sándwich, que Billie se devoró rápidamente.
- Esto es aburrido– comentó el hombre–. ¿Tienes una radio? – Ella negó – Bien, con el celular será.
Y sacó el objeto, para poner música lo más fuerte que se podía.
Realmente a presencia de música animó mucho, al menos a Becca, ya que Billie intentó imitar el baile de Axl Rose un par de veces mientras escuchaban Welcome to the jungle.
- Espera, te falta la pañoleta – comentó riendo y, ni bien dijo eso, Billie tomó uno de los polos de Becca, color rojo, para luego enroscárselo en la frente, haciéndolo ver hermosamente ridículo