Dulces 16Esa chica de ojos marrones
Esa chica morena
Con la cual soñé una vez
Hace mucho, mucho tiempo
Así llegó el 24 de julio, un día que para Billie hubiera sido un día común y corriente cualquier otro año, pero ese no, ahora ya no era un día común.
Ni bien escuchó el sonido del despertador, se deslizó de la cama lentamente y caminó silenciosamente hasta el baño, recogiendo por el camino su ropa que estaba en el suelo. Sí, había tenido una noche agitada.
Se duchó lo más rápido que pudo: no quería despertar a Becca. A pesar que sabía que ella no se demoraría mucho en hacerlo: tenía que ir a trabajar a Adeline Street.
Se cambió rápidamente, salió de la habitación sin interrumpir el sueño de Addie, tal y como había planeado, y bajó hasta la cocina.
- Bien – se susurró - yo puedo hacerlo. ¿Qué querrá?
- No lo sé. Depende de quien sea. – dijo una voz detrás de Billie Joe, haciéndolo sobresaltarse, a pesar de haber reconocido esa voz al instante.
El hombre se volteó lentamente y quedaron mirándose sin decirse nada a unos metros de distancia.
Distancia que el hombre acortó.
Sin más, la tomó en brazos y la alzó por los aires, para luego susurrarle al oído:
- Feliz Cumpleaños, Becca.
Ella sonrió mientras él la bajaba y la ponía en el suelo suavemente.
- Gracias Billie. ¿Qué hacías? – preguntó tomando una taza, para preparase un café.
- Estaba preparando el desayuno para alguien que estimo mucho porque hoy es su cumpleaños, pero me arruinó la sorpresa – explicó arrebatándole la taza.
Becca rió.
- ¿Así que arruiné mi propia sorpresa de cumpleaños? – inquirió ella con gracia.
- Algo así, pero aun puedo preparártelo. ¿Café y waffles? – propuso el hombre con una mirada infantil.
- Me parece perfecto.
A Becca le pareció muy gracioso ver correr de un lado a otro a Billie, buscando los ingredientes y los utensilios necesarios para preparar todo. Y se rió aún más cuando lo vio ponerse un mandil de cocina con flores naranjas.
- ¡Hey no te burles! – la regañó. – no quiero ensuciarme.
Eso le causó muchísima más gracia aún.
- Espero que este bueno. – comentó Becca sentada en una silla, viendo como preparaba todo.
- No cuestiones mis dotes culinarias – dijo Billie Joe con un cuchillo en mano. – Ya, deja a este chef trabajar.
Becca rió aún más.
- He de admitir que esto está bastante bueno.
- Gracias, Becca.
- Gracias a ti, más bien. Hace mucho que mi cumpleaños no era considerado algo especial – comentó tomando otro sorbo a su café.
- ¿Quieres otra cosa? - Becca rió - ¿qué?
- Solo es un cumpleaños. No es nada muy importante.
Billie blanqueó los ojos.
- No. no. no, señorita. Hoy la vamos a consentir. – le hizo cosquillas. Ella se rió, tras lo que él la dejó en paz.
- ¿Cómo que vamos? Eso suena a mucha gente.
Billie señaló a alguien que estaba a la espalda de Becca.
- Sí, vamos – comentó el recién llegado resaltando la última palabra.
- Hola, Joey.
Este se acercó con una sonrisa.
- ¡Feliz cumpleaños! – le dio un abrazo –. Mira lo que tengo para ti – canturreó mostrándole una caja envuelta.
- Gracias, ¿todos van a hacer esto? - preguntó Becca sorprendida.
Joey rió.
- Por supuesto. Jake tiene otro. Ojalá que guste.
Lo abrió y sonrió, tras lo que le dio un abrazo bastante fuerte.
- ¡Gracias, gracias Joey! Sabes que después del café amo, realmente amo los chocolates. Gracias.
- De nada, Becca. - contestó Joey, completamente contento por el abrazo. Agradeció al cielo no haberse enrojecido, tras lo que preguntó: - ¿Qué planes tienes para hoy?
Y Billie se anticipó en responder:
- Por ahora, comer el desayuno que le preparé. ¿Quieres también?
- Seguro.
Entonces los tres se sentaron en la mesa.
Eran ya las doce del mediodía, y todos los Armstrong estaban en la sala conversando tranquilamente.
- Becca, ¿qué quieres comer? – preguntó Adrienne recogiendo los trozos de papel de regalo que yacían en el suelo.
- ¿Eso lo escojo yo también?
Jake la miró frunciendo el ceño y le contestó:
- Por supuesto, Becca. Sino no es cumpleaños.
Becca rió.
- Bueno, en ese caso… me gustaría… comida peruana.
Addie se rascó el brazo, un poco nerviosa.
- Becca… no sé hacer eso.
- Bien, cocinaré yo – dijo Becca intentando parase.
Joey la agarró suavemente del brazo y la obligó a sentarse.
- ¡Ese no es el punto! El punto es que no hagas nada de nada.
Becca se cruzó de brazos, frustrada. Esa no era precisamente a la idea que tenía de un cumpleaños.
- Mm… ¿y si lo que quiero es cocinar? – preguntó con una sonrisa.
- No vale, Becca. – dijo Billie negando con la cabeza.
- Entonces comida china.
Sonó el teléfono.
- Iré a contestar – se anticipó Addie, tras lo que salió en busca del teléfono, que al parecer estaba en la cocina.
- Chicos… - comenzó Billie - ¿qué les parece si mientras pienso en un buen lugar donde ir comer no van a jugar videojuegos?
- Bueno – contestaron ambos con desconfianza, tras lo que fueron al cuarto de juegos.
Billie fijó su vista en su acompañante y habló.
- Becca… es mi turno de darte mi regalo.
Ella alzó una ceja.
- ¿Tú también? El mejor regalo que puedes darme ya me lo diste, tengo un nuevo amigo, un padre, una familia, una casa… no tienes que regalarme algo.
Billie la rodeó con un brazo y se susurró al oído:
- Eso fue muy tierno, pero no puedo devolver lo que ya te compré.
- Bien. – dijo Becca frunciendo la boca.
- Y quiero que lo aceptes con felicidad.
- Bien. – Becca sonrió de modo extremadamente fingido.
- Ven – él la tomó de la mano y la paró.
Becca frunció el ceño y preguntó:
- ¿No puedes traerlo?
- No.
- ¿Dónde está?
Billie se sonrió.
- Se nota que quieres verlo.
- Quiero sacarme las dudas. Billie… no sé qué traigas entre manos, pero estoy segura de que es algo grande.
- ¡Bingo! - dijo el hombre aplaudiendo.
- ¿Entonces? ¿Dónde está?
- En el garaje.
¿Ah?
- ¿En el garaje? ¿Una bici? – cuestionó Becca, sin muchas ideas en mente. Billie solo se rió.
- Mucho mejor.
Caminaron hasta el garaje y Billie se acercó a uno de los estantes donde solía tener cajas de herramientas o repuestos.
- ¿Una llave inglesa? – preguntó la adolescente divertida.
Él se rió con ganas.
- Espera, Becca. No seas impaciente - tras lo que siguió buscando -. A ver… - sacó una pequeña caja, donde máximo cabrían joyas. Se lo tendió.
- ¿Un collar? – Billie blanqueó los ojos.
- Ábrelo Becca.
Ella lo obedeció.
¿Llaves? ¿Qué?
- ¿Unas llaves? ¿Es algo simbólico o…?
- Algo más bien literal – interrumpió Billie Joe -. Mira el llaverito, tiene un botón. Presiónalo.
Ella lo obedeció nuevamente.
- ¡Oh, Dios! – Ella se paró la boca reprimiendo un grito - ¿Un auto? ¡¿Un auto, Billie Joe?!
El nombrado rió al ver su reacción.
- No claro que no, es una bici con bocina de auto – ironizó -. Te lo mereces, Becca.
- Es… es demasiado. No puedo…
- Acéptalo, no voy a aceptar un “no” por respuesta.
Ella lo miró por dos segundos, sabiendo que lo que decía era verdad. Igual iba a hacer que lo aceptara.
- Al menos dime que es uno de segunda mano. – que sea de segunda mano, rogó en su mente.
- Es uno de segunda mano – le aseguró.
- Genial.
Billie frunció el ceño. Estaba realmente confundido.
- ¿Querías uno de segunda mano?
- No hay preferencias, sino que son más baratos. No me gusta que gastes en mí. – respondió Becca encogiendo los hombros.
Billie negó con la cabeza.
- Hay, Becca, ¿quieres verlo?
- Por supuesto.
- Está ahí, bajo es enorme manta – le señaló el bulto detrás de su BMW negro.
Becca fue hasta allá y lo comenzó a destapar. Ni bien terminó y lo dejó al aire, miró a Billie inexpresiva.
- ¿Estás contenta? – cuestionó él al ver su expresión.
- Sí… estoy confundida. Es… un hermoso auto y debería estar demasiado feliz. Pero eso no es de segunda mano, mentiroso. Además…
- Además…
- Ni en cien mil millones de años podré regalarte algo tan bueno como esto ¿sabes?
- Y eso no interesa, ya tengo un auto, estaría bien una casa de playa – Becca lo miró con una ceja alzada -. Es una broma. No interesa lo que me regales, me gustará, lo sé. Ahora dime que te gusta el auto.
- Es una hermosura.
- Gracias, gracias. – hizo un gesto de agradecimiento. Becca se rió.
- Pero aún sigo pensando que es demasiado.
- Solo acéptalo. Ni bien lo conduzcas, lo amarás.
- Gracias, Billie-ostentoso-Joe. – le dio una abrazo muy fuerte, que el devolvió con cariño.
- De nada, señorita. Feliz cumpleaños.
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Bueno, here it is.
Lamento mentir nuevamente así que no pondré fecha al siguiente.
Por ahora, me dedico a Stray Heart c:
Pero no dejaré esto. NO ES UNA MENTIRA.
Pero no dejaré esto. NO ES UNA MENTIRA.
Gracias por leer!
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