Han
pasado tres semanas desde que dejé tu casa
Este miedo repentino me ha dejado temblando
Porque ahora vivo por mi cuenta
Y me siento muy sola
Bienvenido al paraíso
Por alguna extraña razón ahora lo considero mi hogar
Y nunca me iré de aquí
Este miedo repentino me ha dejado temblando
Porque ahora vivo por mi cuenta
Y me siento muy sola
Bienvenido al paraíso
Por alguna extraña razón ahora lo considero mi hogar
Y nunca me iré de aquí
A Billie le dolía la cabeza de tanto
llorar.
Le dolían los ojos.
Le dolía el pecho.
Le dolía el alma.
Le dolía el corazón.
Becca,
al verlo en tal estado (como nunca antes lo había visto), le ofreció dormir en
su habitación,
mientras ella dormiría en el sofá. Pero, Billie Joe, fiel a su
estilo y terquedad, la obligó a quedarse con él.
-
En serio te necesito, Becca. En serio necesito tu compañía – le había dicho.
Entonces
la adolescente no pudo resistirse a esos intensos ojos verdes y lo acompañó.
Por una parte fue bueno, porque sabía que estaba ayudando a un amigo muy
querido; pero, por otro lado, sintió que aquello no estaba bien.
- Buenos días – dijo ella al ver que su
amigo abría los ojos lentamente. Algunas veces se había preguntado mentalmente
cómo serían los ojos de Billie Joe al amanecer, pero lo que vio no fue
exactamente lo que imaginó; ya que sus ojos estaban completamente opacos, casi
grises.
- No tan buenos – comentó él con el
ánimo por los suelos -. Aunque he de admitir que tu cama es sumamente cómoda.
- Eh… gracias. ¿Quieres algo de tomar? –
atinó a preguntar. La situación era muy extraña.
- ¿Tienes café?
- Billie, siempre tengo café.
Y ni bien dijo eso, ella se levantó de
la cama y él, internamente, se arrepintió de haber pedido algo.
Finalmente, se paró también.
- ¿Azúcar? – le ofreció ella ni bien el hombre
llegó a la cocina.
- Dos, por favor.
Tomaron cada uno su café en completo
silencio. Becca no sabía que decir. Él tampoco.
- Lo siento – dijeron ambos al unísono,
después de bastante rato, cuando casi ya no tenían nada en las tazas.
- ¿Por qué? – le preguntó ella.
- Por como vine ayer. Discúlpame. ¿Qué
hay de ti?
- Por lo de Addie. Lo siento.
- No importa – dijo, aunque no muy en el
fondo sabía que esas palabas estaban vacías.
Él
no estuvo dormido para cuando ella se acostó a su lado, e incluso se quedó
despierto después que ella estuviese completamente dormida. Se quedó pensando en
ella. En Addie. En sus hijos. En Mike y Tré. Pensó en momentos felices con cada
uno. Comenzó con Mike y Tré, cuando se conocieron, cuando tuvieron su primer
concierto; luego siguió con Adrienne, cuando la vio por primera vez.
-
Tan hermosa – se susurró.
Luego
pensó en sus hijos. Cuando nacieron, cuando aprendieron a caminar, cuando
dijeron sus primeras palabras.
Y finalmente
pensó en Becca, en lo estupenda persona que era ella.
-
¿Cómo te pude confundir con un paparazzi? – le preguntó a ella mientras dormía
-. Pero no importa, esa fue la mejor forma de conocerte.
Pensó
después en sus padres, en sus hermanos, en sus fans; pero no supo qué ganaba pensando
tanto y durmiendo nada.
Cerró
los ojos pero no pudo dormir, más bien creó unas cinco canciones con todo y
melodía, pero para el día siguiente ya se le habían olvidado, quedó en
preguntarle a Becca qué shampoo usaba, porque su cabello olía deliciosamente a
coco, y le gustaba a pesar de que odiaba el coco, pero igualmente lo olvidó.
Se
le cayó una lágrima por la mejilla, pensando que de ser mejor estaría con Addie,
pero luego recordó las palabras que Becca le dio:
-
Las cosas pasan por algo, quizás esté confundida, quizás no dé para más. No creas
que todo eso es por tu culpa. Nunca.
Y entonces
se sintió mejor, a pesar de seguir pensando que era su culpa. Tomó su celular e
intentó tomarle una foto a Becca dormida porque, a su parecer, lucía como un
ángel, pero salió oscura. Miró la hora. 1:47 am.
Cerró
los ojos para dormir de verdad, pero no podía, no podía dormir.
Entonces
Becca se acomodó entre sueños y pasó el brazo por encima de su amigo, quien se
congeló al sentir el tacto. Luego se relajó y miró al celular de ella. Tuvo muchas
ganas de espiar.
Tomó
el celular y se sorprendió al desbloquearlo. El fondo de pantalla era una foto
de ella y Billie. Se fijó en las fotos, había unas cuantas de ella, unas de un
gato, otras de ella con Joey y Jake y otras de paisajes, calles o cosas. Se fijó
en los juegos y se puso a jugar el clásico revienta burbujas hasta que se
aburrió porque no podía pasar de nivel por la culpa de una burbuja celeste. Luego
se fue la música y vio varias canciones suyas, en especial las lentas. Entre su
“top 20” estaba Good Riddance. Salió
de ahí y se fue a los mensajes. Antes de leer se preguntó de nuevo si realmente
los quería leer y, a pesar de saber que estaba mal, siguió adelante.
Había
un par de textos de un chico. Se puso celoso. Había también algunos de Mike. Raro.
Eran de algo de ir a comer y hablar de “tú ya sabes qué”. Extrañísimo. Se propuso
preguntarle en la mañana. Había otro de Tré que decía: “Soy un poni rosado en
medio de un bar lleno de yogurt”. Seguramente estaba borracho cuando lo
escribió. Y había uno de Adrienne que clamaba: “Yo sé que tú sabes”. Aún más
extraño.
Y fue
ahí que le bajó la nostalgia y la culpa por leer algo que no debía. Entonces
resolvió irse a dormir y olvidarse del tema.
Ya para la hora del almuerzo, Billie se
había propuesto preguntarle a Becca sobre el mensaje de texto de Mike. En primera,
porque quería saber de verdad qué quería decir, y por otro lado, porque no
quería pasársela pensando en Adrienne y llorando como una idiota.
Lo malo era que no sabía cómo
preguntarle. Es decir, obviamente él no sabía nada de eso, porque no debía leer
sus mensajes de texto.
- Becca… - la llamó antes de siquiera
pensar cómo le preguntaría.
- ¿Uhm?
- ¿Porqué…? – se calló y su amiga
frunció el ceño -. Dime que no te molestarás – suplicó.
Ella suspiró asintiendo.
- Yo… yo tomé tu celular anoche – ella abrió
mucho los ojos -. No podía dormir, lo siento. El punto es que sin querer vi un
mensaje de Mike, q…
- Espera – lo interrumpió -. Hurgaste en
mi celular, lo cual pasaré por algo, y dices que viste un texto de Mike, ¿qué
tiene?
- Tiene que te dijo algo de “tú ya sabes
qué” – le dijo haciendo las comillas respectivas con los dedos.
- Ah, bueno, sí.
- ¿Qué es?
Ella frunció el ceño.
- Eso no es de tu incumbencia.
- Por supuesto que sí, Becca – ella lo
miró raro -. Bueno, quizás no tanto, pero quiero saber. Porque, ¿sabes qué, Becca?,
me estoy imaginando cosas que no quisiera imaginarme.
- Entonces no las imagines.
Le hombre suspiró y comenzó a entrar en
desesperación.
- Prométeme que no es nada digno de
importancia.
- Sí es digno de importancia, pero no es
nada que Billie no pueda soportar – le dedicó una sonrisa -. Tranquilo, no es
nada malo.
- Bien, con eso me basta.
Más tarde, como a las seis, Billie no
pudo soportarlo más y nuevamente sintió enormes ganas de llorar.
Entonces, para que Becca no lo viese se
encerró en el baño, pero igualmente ella se dio cuenta y se acercó a la puerta.
- Billie… ¡Billie! – dijo tocando la
puerta -. Así no arreglas nada. ¿Por qué no sales y hablamos acá afuera? Puedo hacerte
un café o una infusión. Podemos ir al supermercado y hacer un pastel. – Becca sentía
que estaba negociando con un niño… un niño que acababa de ser de lo más dañado.
- No, Becca. No pasteles, no compras, no
cafés, no nada. No quiero nada. Sólo quiero a Addie.
- Lo sé, Billie, lo sé. – contestó ella
de lo más apenada -. Sé que eso quieres y sé que necesitas desahogarte, pero
encerrándote en el baño no es la mejor forma de hacerlo.
Él se quedó callado, pero después de
rato y con voz más repuesta, agregó:
- Es que no sé qué hacer. No sé qué
hacer con mi vida. A dónde ir, en quien confiar, qué hacer.
- Billie… sobre a dónde ir, ya sabes que
estás bienvenido al paraíso. Hiciste algo
por mí, algo muy importante y ahora es mi turno de compensártelo. En quien
confiar… en mí, siempre estoy aquí, lo sabes. Y sobre qué hacer… eso ya depende
de ti, pero puedo ayudarte si me lo permites.
Él se quedó callado nuevamente. Ella también.
Entonces la manija de la puerta de abrió
y Billie salió mirando al suelo, arrastrando los pies y con la cara mojada, la
abrazó y le besó la frente.
- Gracias, Becca. Eres la mejor.
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Caca :c
Pero ni modo, ya no tengo tiempo, asi que hago lo que sea.
Igual no interesa porque nadie lee ni comenta so... it doesn't matter ._.
siguelo siguelo por favor *n* ksxjhfjsdhgsjdhgjdhgjhgsjf amo tu novela
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