- No puedo creer que vayas a mudarte a mi casa. – dijo Billie con una sonrisa.
Ambos se encontraban empaquetando las pocas pertenencias de Becca en su casa, después de que él la fuera a recoger a la escuela.
- Estás más feliz que yo ¿eh? – dijo ella riéndose.
- ¿Acaso no estas contenta? – preguntó haciendo un pequeño puchero, haciendo que la adolescente se ría con ganas.
- Claro que sí, Billie – dijo una vez que dejó de reírse –. Sólo que…. No sé, se me es extraño mudarme a tu casa. Tanto que quería deshacerme de ti y ya no puedo – bromeó.
Billie se hizo el ofendido.
- ¿Sabes qué? Estás despedida. – Becca lo fulminó con la mirada. Y tras unos segundos, ambos se largaron a reír.
Estuvieron arreglando por un rato en silencio, silencio que Becca se encargó de romper.
- ¿Tienes hambre? – el hombre asintió y Becca se fue a su imitación de cocina para preparar algo.
Hizo un sándwich, que Billie se devoró rápidamente.
- Esto es aburrido– comentó el hombre–. ¿Tienes una radio? – Ella negó – Bien, con el celular será.
Y sacó el objeto, para poner música lo más fuerte que se podía.
Realmente a presencia de música animó mucho, al menos a Becca, ya que Billie intentó imitar el baile de Axl Rose un par de veces mientras escuchaban Welcome to the jungle.
- Espera, te falta la pañoleta – comentó riendo y, ni bien dijo eso, Billie tomó uno de los polos de Becca, color rojo, para luego enroscárselo en la frente, haciéndolo ver hermosamente ridículo
- ¿Así está bien? – preguntó. Pero Becca no le contestó, se quedó contemplándolo –. Hey Becca, ¿estás ahí? – preguntó nuevamente.
Ella volvió en sí y asintió.
Mierda, ¿Qué me está pasando?, se cuestionó a sí misma la adolescente.
Al día siguiente, Billie pasó con su auto a recoger todas las cosas de Becca, tal y como habían acordado, para luego llevarlas a casa.
- ¿Sabes qué? – Comenzó Becca en medio del camino – Siento que esto es muy irreal.
- ¿Por qué lo dices? – inquirió Billie.
- Porque… bueno, la verdad no lo sé – y luego agregó con una sonrisa: - pero estoy feliz, eso te lo puedo asegurar.
- Y eso me hace feliz a mí también – le sonrió. – le caes muy bien a Addie ¿lo sabias?
- ¿Lo dices en serio? – el hombre asintió, sin quitar la vista del camino -. ¡Wow! Esto es mejor de lo que pensé entonces.
- Por cierto, la deuda ya está cancelada – dijo el hombre.
Pequeño detalle: como faltaban pocos días para la fecha límite de la deuda, Billie decidió hacerle el pequeño favor de cancelársela, quedando en que ella le devolvería el dinero por partes.
- No debiste hacerlo Billie Joe – comentó Becca.
- Quise hacerlo.
- Como sea, te lo pagaré, no te preocupes. – prometió.
- No me preocupa.
El resto del viaje se la pasaron callados, pero sin que el trayecto se vuelva incómodo. Pusieron algo de música y disfrutaron el calor del sol rozando su piel.
Una vez que llegaron, Billie ayudó a Becca a sacar sus cosas del auto y lo dirigió hasta adentro, donde se encontró a Addie.
- Hola, Becca. Tu habitación está por allá. – dijo la mujer amablemente, señalando las escaleras que daban al segundo piso. ¿Al segundo piso? Pensó Becca, confundida; le parecía raro que no le den el cuarto de servicio. - ¿Quieres que te ayude con eso? – ofreció señalando, esta vez, la caja que traía la adolescente en los brazos.
- Por supuesto que no – Billie se metió en la conversación -. Yo lo haré – agregó quitándole la pesada caja de los brazos.-. Hay una pequeña en el auto, una pequeña para ti, chata.
- Ja, ja. – Becca le dedicó una mirada severa. – hablas como si fueras muy alto. – comentó, haciéndolo reír.
Addie se quedó callada, no porque no le causara gracia, porque en otra situación si se hubiese reído. En otra situación donde no pareciese que su esposo y la nueva empleada se llevasen más que bien.
Y no era que le molestara, sino que le parecía bastante extraño que ambos se tomaran tanta confianza con gran facilidad. Lo atribuyó a la mudanza; quizás habían hablado lo suficiente en el trayecto. Quizás.
Pero ni Becca y Billie Joe se dieron cuenta de la presencia de Addie siquiera, simplemente se fueron por diferentes caminos, para terminar de arreglar todo de una vez.
- Bienvenida al paraíso. – canturreó Billie Joe ni bien ella entró a la habitación, dejando caer la caja que tenía en los brazos. - ¿Te gusta?
Ella quedó con la boca abierta. Dos de las paredes, estaban pintadas de color rojo muy bajo y las otras dos, de un blanco humo. La cama era de metal negro y el juego de edredones, rojo con gris. Los muebles también hacían juego y, en uno de ellos, había una televisión con un pequeño DVD. Había también una mesa de noche a un lado de la cama y, sobre ella, había una hermosa lámpara y un pequeño cofre negro con detalles plateados. Todo era… perfecto.
- Esto es… hermoso – fue lo único que Becca pudo musitar.
Billie sonrió, mientras ella se dirigía hacia la mesa de noche. Tomó el cofre y lo abrió lentamente, casi de forma ceremoniosa. Adentro había una imitación de un disco de vinilo que, al abrir el cofre, comenzaba a reproducirse, soltando una suave melodía.
- Lo vi en una tienda, pensé que podría gustarte. – comentó Billie.
- Me conoces muy bien entonces. – Becca no podía dejar de sonreír. Todo eso le parecía un sueño, un hermoso sueño, un sueño que se había hecho realidad. Pero, como todo sueño, había algo que no cuadraba. - ¿Por qué haces todo esto? – preguntó odiando arruinar la situación, pero sin poder aguantar más sin siquiera saber la respuesta. Hacía mucho que quería preguntárselo.
- ¿Hacer qué? – Billie se hizo el desentendido.
- Ayudarme. – dijo ella despacio. – Todo es hermoso, lo admito, pero se supone que solo vengo a trabajar.
- Sigo sin entender. – mintió. Obviamente sabía a qué se refería, y lo comprobó con lo que dijo ella:
- ¿Por qué te esforzaste en darme esta habitación? Porque apuesto a que hay una de empleados abajo – Billie hizo una mueca.
- ¿Acaso no te gusta? – inquirió tratando de desviar el tema.
- No, no es eso. Porque la habitación me encanta, es hermosa, créeme. Pero no es algo que debas prepararle a tu empleada. – ¿desviar el tema? Imposible.
El hombre suspiró, ya no había forma de evitar decirle la verdad.
- Becca… por favor no te enojes. Prométeme que no te enojarás. – comenzó clavando sus ojos verdes en ella.
- Puedo prometerte que no me enojaré más de la cuenta, si es extremadamente malo – musitó.
- Bueno… en realidad… – se calló.
Mierda, no puedo hacerlo. Pensó Billie Joe.
- Anda, suéltalo. – instó ella más que impaciente.
Billie cerró los ojos y susurró:
- Quiero que te mudes aquí. – y los abrió para ver la expresión de Becca, que era tal y como estaba antes de decírselo.
- Me estoy mudando aquí, Billie – le dijo con obviedad.
- No, no me refiero a eso. – suspiró nuevamente, negando con la cabeza. – Yo… quiero que te mudes aquí, sin trabajar aquí.
- ¡¿Qué?! – exclamó Becca. ¿Había escuchado bien?
- Me prometiste que no te enojarías – susurró Billie mirando el suelo. No era la reacción que esperaba aunque, ¿Cuál si lo era? ¿Acaso pretendía que se alegre y le lance en sus brazos? No, no podía ser así; lo que hacía a su reacción no tan descabellada después de todo.
- Prometí que no me enojaría demasiado si era muy terrible. – explicó.
- ¿Y lo es?
Becca lo pensó un poco.
- Yo… no sé. – Billie esbozó una sonrisa. – No te alegres aún. – su sonrisa se desvaneció.
- ¿Qué tiene de malo? – inquirió Billie Joe.
- Depende… ¿Qué le dijiste a tu esposa? – Billie se extrañó. ¿Qué rayos tenía que ver Addie?
- Que… bueno, le dije que tenías problemas. No le dije que ya te conocía pero le mencioné lo de la deuda, que había encontrado la hoja mientras empacábamos. Entonces me dijo que… bueno, en síntesis, fue su idea.
- ¡¿Qué?! – exclamó Becca nuevamente.
¿Addie le había ofrecido vivir ahí? ¿Acaso la gente estaba loca? ¡Si apenas la conocía!
- Eso. Ella ofreció darte este cuarto, hasta que se estabilicen las cosas y en vez de trabajas acá en la casa, quizás te guste ayudarla en Adeline. – explicó.
- ¿Adeline? – preguntó la adolescente confundida.
- Una tienda de ropa. No sé si quizás hayas escuchado acerca de ella.
Becca hizo memoria… Adeline…
- ¿Adeline Street? – Él asintió – ¿Es… tu tienda?
- Bueno de mi esposa, ambos en realidad. – dijo él con simpleza. A ella no le pareció tan poca cosa pero, a decir verdad, la idea que le planteaba Addie era bastante tentadora, más que la idea original. - ¿Entonces?
- ¿Entonces qué?
- ¿Aún quieres mudarte? – Billie preguntó con una sonrisa, contagiando a Becca.
- Claro – y sin más, se acercó al hombre y lo abrazó fuertemente, sorprendiéndolo –. Gracias Billie Joe – le susurró –, eres el mejor.
- Lo sé – dijo, haciéndola reír – y es un placer Becca. Dije que te cuidaría y lo haré. Bienvenida a los Armstrong.
Becca sonrió.
- ¿Quieres que te ayude a desempacar? – ofreció Billie, después de unos segundos.
- No, no tienes que hacerlo Billie. Ya me ayudaste a empacar y te aburriste como nunca. Esto puedo hacerlo sola. – dijo ella.
- ¡Vamos, no seas tonta! – Becca se hizo la ofendida. – ¡Hey! Sabes que no lo digo de malas – Ella le sonrió –. Igual no importa lo que digas, te ayudaré.
- Contigo no se puede. Lo sabes ¿no? Un día de estos voy a cansarme de ti. – fue el turno de Billie de ofenderse, aunque una parte de él se había entristecido en serio. - ¡Hey! Sabes que no lo digo de malas. – dijo, copiando la frase que él había dicho recién.
- Copiona. – dijo, lanzándole una mirada de reproche.
- ¡Cállate!
Y así, fue que Becca terminó viviendo con Billie bajo el mismo techo, siendo el comienzo de su nueva vida, siendo el comienzo de una enorme destrucción.
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Chan chan chaaaan(8)
Bueno, como dije en el post anterior, estoy en exámenes por lo que Pao tiene que estudiar mucho porque no prestó atención a ninguna clase no podré postear en estos días... quizás el lunes porque es feriado sino, será recién el viernes o sábado
Graaaaaaaaaaaaacias por leer!
Cuidense.
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