Eran como las seis de la tarde.
Joey y Jake estaban encerrados en sus propias habitaciones, Addie estaba en la mesa del comedor leyendo unos papeles, Becca estaba en la sala viendo una película y Billie, en alguna otra parte de la casa.
- Addie… voy al supermercado ¿me acompañas? – preguntó Becca a la mujer.
- No. Lo siento Becca, tengo que sacar algunas cuentas de Adeline – se disculpó.
- Bueno, nos vemos.
La adolescente estaba a punto de salir de la casa, cuando alguien a sus espaldas se dirigió a ella:
- Yo puedo acompañarte. Si quieres, claro.
La adolescente volteó y, al ver de quien se trataba, sonrió abiertamente.
- Claro, Billie.
Entonces ambos se despidieron de Adrienne y se encaminaron a la cochera, donde se encontraba el auto del hombre.
- Tengo una pregunta para ti – dijo el hombre de la nada. Rebeca lo miró, demostrándole que le prestaba atención –. Tienes quince, así que no conduces… ¿Cómo diablos planeabas llegar al supermercado?
La menor rió.
- Buena pregunta, respuesta absurda: bicicleta.
- Ajá, si claro. Bicicleta. ¿Y las bolsas? – preguntó.
- Simple. Me robaba el carrito del supermercado, lo ataba a mi bicicleta y ya. – contestó con simpleza.
El mayor rió a carcajadas -. No tienes que decirlo, sé que soy un genio.
El mayor rió a carcajadas -. No tienes que decirlo, sé que soy un genio.
Billie volvió a reír, esta vez, subiéndose al auto.
- Bueno, de todas formas, no vamos a ir al supermercado hoy. – dijo el hombre, echando a andar el auto.
- ¿Ah? – Becca estaba confundida.
- Que vamos a ir donde Mike. – explicó Billie, sin hacerle entender a la morocha.
- ¿Mike? ¿Quién Mike? – inquirió ella.
- Mike Dirnt. – eso no contestó las interrogantes de Rebeca.
- Eso no me dice nada. ¿Debería recordarlo? – buscó en su memoria cuantas personas llamadas “Mike” conocía. Sólo se le vino a la mente la cara de una persona: un compañero de curso. Imposible que sea él.
- Mm, quizás.
- Bueno, ¿Quién es? – volvió a preguntar. La curiosidad la estaba matando.
- ¿Qué tanto sabes de mi banda? – cuestionó Billie Joe.
- Que es muy vieja. – bromeó Becca.
El hombre la fulminó con la mirada.
- ¿Qué más? – cuestionó nuevamente.
- Que tocan muy bien. – contestó ya más seria.
- ¿Qué más?
- Que tienen un disco llamado “Kerplunk!”, que por cierto debes prestarme.
Billie rió.
- ¿Qué más?
- ¿Qué tiene que ver tu banda con esto? – Becca no entendía nada.
- Sólo contesta – le ordenó.
- Bien – se cruzó de brazos –. Sé que eres el vocalista y guitarrista. Sé que se llama Green Day, sé que son tres integrantes, sé que tienen hartos fans y también sé que son de aquí.
- ¿Alguna vez te nombré a los otros dos integrantes?
Becca lo pensó un poco.
- Uno se llama… ¿Frank? ¿Así era? – el hombre asintió. – pero le dicen algo de… Cool. Y el otro… – lo meditó un poco y al fin entendió de lo que se trataba -. ¿Iremos a la casa del otro integrante de tu banda?
- Ajá. Y conocerás al señor Cool.
Tocaron el timbre.
Tré ya había llegado, así que solo había una posibilidad: Billie Joe.
Mike subió las escaleras y salió del sótano, donde estaba bebiendo unas cervezas con Tré, y se encaminó hasta la puerta, para encontrar a su mejor amigo.
Y a una chica.
- Hola – saludó Mike, algo extrañado.
- Hola – saludó Becca, algo tímida.
- Hola – saludó Billie, como normalmente lo hacía. Mike fijó la vista en la adolescente, que de pronto dejó de mirar sus manos para clavar sus ojos en él. Algo le decía que la conocía, pero no podía decir exactamente qué. Ligeramente más baja que su mejor amigo, cabello lacio, ojos marrones y piel canela. No, no la conocía. – Mike, ella es Becca. Una amiga. – la presentó al cabo de un segundo.
Ah, la famosa Becca pensó Mike.
- Un gusto, Becca. Aunque no lo creas, Billie me ha hablado mucho de ti. – la adolescente le lanzó una mirada extrañada a Billie Joe.
- No exageres, Mike – pidió Billie, avergonzado. ¿Acaso no sabe mentir? Pensó el hombre.
- Como sea, pasen. Tré ya llegó. – invitó.
Los tres ingresaron a la casa y Mike se dirigió hacia la cocina, mientras Billie le jalaba la muñeca a la adolescente para guiarla por otro lado.
- ¿A dónde vamos? – preguntó
- Al estudio – contestó con tono de obviedad.
- ¿Estudio? ¿También él tiene un estudio?
- Y es aún más grande que el nuestro.
La adolescente abrió los ojos desmesuradamente.
¡Dios! ¿Acaso tiene también una piscina de dólares? Pensó.
- Ven, vamos al sótano. Seguramente está ahí Tré.
- Billie… aun no logro entender qué hacemos aquí.
- Ya verás.
La dirigió hasta una puerta y la abrió, para después descender por las escaleras.
Entraron.
Al ver la habitación sólo se le vino una palabra a la mente: Hermoso.
Muebles, instrumentos… muchos instrumentos, una pequeña cabina de grabación, muebles, muchos discos, un mini bar, una televisión de plasma, más instrumentos…
- ¿Te gusta? – preguntó el hombre.
- ¿Si me gusta? Es el paraíso.
Billie rió.
- Siéntate. Seguramente Tré está en el baño. – supuso al ver que su amigo no estaba en la habitación.
Ella obedeció en silencio.
- Billie… - lo llamó al cabo de un rato. Se notaba nerviosa – ¿Te molesta si te pido que toques algo? – preguntó con timidez.
- Ya lo hiciste – rió, tras lo que cambió su expresión a la de un niño pequeño haciendo un puchero –. ¿Yo solito?
Rebeca rió con ganas.
- ¿El niño Billie tiene vergüenza? – cuestionó jalándole levemente las mejillas.
- ¡Hey! ¡Suéltame! – se zafó y paró, para tomar una guitarra. - ¿Si toco una, sólo una canción, dejas de hacer eso?
- Lo consideraré.
- Oh, no. Tienes que prometerlo.
- ¿Tanto así?
- Odio que me jalen los cachetes – le aseguró.
- Entonces toca, prometo mantener la integridad de tus mejillas.
Billie rió, se colgó la guitarra y se quedó parado, pensativo.
- ¿Y bien…? - preguntó después de un rato.
- Estoy pensando qué canción podría cantarte. Tiene que ser una que vaya contigo – Becca sonrió –. Bueno, definitivamente no puede ser 2000 light years away ni 80, esas son muy rápidas como para ser tocadas en guitarra acústica, además son para… no importa. – comenzó a pensar en voz alta. Becca simplemente escuchaba conteniéndose la risa, al verlo caminar de un lado a otro, impaciente. – ¿Macy’s Day Parade? Puede ser. Aunque Extraordinary Girl caería mejor. ¿Tú qué opinas?
- Que no tengo la menor idea de lo que estás hablando. Aunque no creo que la última que nombraste sea la adecuada.
- ¿Extraordinary Girl? ¿Por qué?
- Porque no soy una “chica extraordinaria” – contestó con tono obvio.
Billie se acercó y se sentó a su lado.
- ¿A no? ¿Y qué te hace pensar eso, eh? – la miró directamente a los ojos. – Quizás no seas perfecta porque nadie lo es, pero eres especial.
Becca ni siquiera lo escuchaba, estaba hiperventilada.
En cambio, Billie se le había ocurrido una mejor idea. ¿Qué mejor que cantar por primera vez una canción, justamente a la persona de la cual está inspirada?
Volvió su vista a la guitarra y comenzó a tocar unos acordes, equivocándose un par de veces.
- Disculpa, esta es nueva – se excusó.
- No importa – la adolescente ya había vuelto de su trance.
Volvió a tocar nuevamente y esta vez, ya correctamente.
- She puts her makeup on like graffiti on the walls of the heartland. She's got her little book of conspiracies right in her hand. She is paranoid like endangered species headed into extinction. She is one of a kind; she's the last of the American girls.
>> She wears her overcoat for the coming of the nuclear winter. She is riding her bike like a fugitive of critical mass. She's on a hunger strike for the ones who won't make it for dinner. She makes enough to survive for a holiday of working class. She's a runaway of the establishment incorporated. She won't cooperate; she's the last of the American girls.
>>She plays her vinyl records singing songs on the even of destruction. She's a sucker for all the criminals breaking the laws. She will come in first for the end of the western civilization. She's an endless war like a hero for the lost cause. Like a hurricane in the heart of the devastation. She's a natural disaster; she's the last of the American girls.
Canturreó el coro unas veces más y terminó la canción.
Becca, sin dejar de sonreír, lo rodeó con los brazos y le dio un fuerte abrazo.
- Es la canción perfecta, Billie Joe. Hasta pareciera que la escribiste para mí. Especialmente en la parte del “desastre natural”
Billie empalideció. ¿Debía decirle que era sobre ella?
Sin saber por qué, decidió no decírselo.
- Que bueno que te haya gustado, Becca – susurró, Billie Joe. Qué bueno que te haya gustado, especialmente porque esta canción fue hecha para ti pensó.
Se quedaron en silencio.
- ¿Que sabes tocar aparte de la guitarra? – preguntó la morocha intentando romper el hielo.
- Guitarra eléctrica, bajo eléctrico, piano, mandolina, violín, batería, armónica, saxofón... – enumeró – ¿Tú sabes tocar alguno?
- ¿La verdad? Sólo el bajo… y algo sumamente básico – se sinceró –, lo cual es bastante deprimente estando aquí.
Billie ignoró eso último.
- Genial, hay que tocar algo.
- No – se negó la adolescente.
- Ya pues, no seas aguafiestas. – insistió.
Becca bufó y tomó un bajo al azar. Billie se paró a su lado con una guitarra.
- De acuerdo, ¿qué canciones te sabes?
- Te dije que sabía solo algo básico – lo regañó –. Voy a hacer el ridículo.
- Yo lo hago todo el tiempo – se burló de sí mismo –. ¿Cómo puedes ser tan avergonzada?
- ¿Quién tiene vergüenza? – interrumpió alguien bajando las escaleras. Alguien que Billie y Becca no podían ver.
Al aparecer Tré en la habitación, paró en seco e intentó luego disimularlo, diciendo:
- ¡Wow, Billie Joe! No creí que me traerías este lindo presente. – musitó con voz seductora, clavando sus ojos azules en los de Becca, que se enrojeció casi al instante.
Billie Joe rió.
- Tré, ella es Becca – la presentó por segunda vez y Tré se la quedó mirando por unos segundos. – Becca, él es Tré, el baterista de la banda.
Se sonrieron mutuamente.
- Es un gusto conocerlo, señor Cool. – dijo la adolescente, provocando risas.
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