Ya habían pasado cinco días desde la conversación entre
Billie y Adrienne en Starbucks, y él no le había contado ni la mitad de lo
hablado a Becca. ¿Por qué? Porque tenía miedo, miedo a que ella pensara mal.
Él no entendía a Adrienne… pero aun así
quería volver con ella. Ella era casi casi perfecta para él. Casi perfecta, pero no en su totalidad.
Becca tampoco se molestó en hurgar
demasiado, ya que había estado preocupada en ella misma. Se sentía
extremadamente cansada y falta de apetito y, a pesar de todos lo demás, se la
pasaba durmiendo la mayor parte del día. Incluso, había dejado de ir al trabajo.
Billie, por su parte, estaba sufriendo
en silencio. Todos los días a medianoche se levantaba a tomar un café, con la
esperanza de encontrar a Becca despierta por la culpa de un insomnio. Pero eso
no sucedía, en cambio, cada que se aburría de esperar, iba a verla en su
habitación, y la encontraba durmiendo profundamente. Entonces, se quedaba
mirándola largo rato y acariciándole el cabello.
En la mañana, ella solo comía un
pedacito de papaya y dos vasos con agua y, al almuerzo, un par de tostadas con
mermelada.
- Esto no está bien, Rebeca -. Dijo
Billie después de intentar llevarle algo de comida a su habitación durante la
media tarde, siendo rechazado por ella.
- No me digas Rebeca, ya sé que lo haces
cuando te enojas conmigo, y no sé porque lo haces, porque ni siquiera lo hago a
propósito. Estoy bien, no te preocupes, Billie. Probablemente sea solo un
resfriado. – le aseguro sintiendo dolor en todo el cuerpo.
- ¿Segura? Puedo llevarte a un médico –
ofreció el hombre, preocupándose cada vez más.
- Gracias, Billie, pero no. No es nada.
- ¿Segura?
- Segurísima. Ya me ha pasado antes –
mintió – me suele pasar antes de una fuerte gripe. Quizás uno de estos días
estuve menos abrigada de lo que debería.
- Bien. Te creeré. Pero más te vale
comenzar a estornudar uno de estos días.
Eso no pasó, pero no fue de mucha
preocupación porque, en realidad, estaba mal de la garganta.
- Te dije que no era de preocupación.
- Me dijiste que era un resfriado.
- Pero la tos es casi lo mismo. Es dolor
y malestar momentáneo. Nada de que preocuparse. ¿Qué hay de ti? Últimamente
estas raro.
- ¿Raro? ¿Raro cómo? – se hizo el loco.
- Como que no me hablas de otra cosa que
no sea mi garganta y que estas raro desde el día que te encontraste con
Adrienne. Estaré enferma pero no tonta.
- Bien que te gusta hurgar.
- No me has contado que pasó – insistió.
- No es de mucha importancia.
- ¡Oh, vamos! Sí que es. ¿Tan malo fue?
- Bien. Bien – dijo ya rendido -. No fue
tan malo. Seguí tu consejo. La escuché, hablé y luego me fui. Fin de la
historia.
- ¿Por qué no me quieres contar, Billie?
- Porque… no lo sé. Tengo miedo.
- ¿A qué?
- A… a que te enojes
Becca frunció el ceño
- ¿A que me enoje? ¿Porque habría de
enojarme?
- No sé.
La chica suspiró cansinamente.
- Billie… esto no funciona si me dices “no
sé” casa dos segundos. Iba a dejarte con esto, pero quiero de verdad saber por
qué crees que iba a enojarme. Planteo todas las situaciones posibles, pero aun
no entiendo por qué habría de enojarme. Por favor dime – le pidió.
- Bien… te contaré – Billie tomó aire y soltó
tremendo palabrerío en sólo unos segundos: - Hablé con Addie, me dijo que
estaba arrepentida y, a decir verdad, se notaba que sí. Me dijo que quería
volver, que no podíamos tirar todo al tacho por eso, pero igual me iba a
entender si es que le decía que ya no. Pero no pude, Becca. Resulta que aún la
amo, y mucho. Pero tengo aún miedo. Me ha puesto en una encrucijada, Becca. Y no
puedo decidir. Es tan… pero tan difícil. Per…
- Espera – lo interrumpió la adolescente
-. ¿Dices que te ha dado a decidir?
- Sí.
- Exactamente, ¿qué te ha dicho?
Billie la miró a los ojos por un par de
segundos sin decir nada.
- Que podemos cambiar todo.
- ¿Todo? ¿A qué se refiere con todo?
- Todo lo que nos separó.
Becca frunció el ceño, confundida. A su
parecer, eso no implicaba nada malo, es más, le parecía totalmente normal.
- No entiendo qué te asusta. Se supone
que deben cambiar todo lo que estuvo mal en su relación ¿no?
- Sí lo vez de esa forma, está bien.
Pero, hay algo que según ella nos separó, pero sé que eso no es verdad.
- Pero igual, Billie. Alguien siempre
tiene que ceder en una relación, no creo que sea tan malo. Piensa que es igual
como cuando van a ver una película, tú quieres un y ella quiere otra…
finalmente alguien tiene que ceder y ver la que el otro quiere. Así es el amor.
Tú mismo me lo dijiste, el amor cambia todo, ¿verdad?
- No, Becca, no es tan simple. – Dijo el
hombre negando con la cabeza – Te pondré un ejemplo, que no es verdad. Imagina que
Adrienne cree que lo que nos separó fue Green Day, ¿tú qué harías? ¿Dejarías a
tu primer amor, el amor de tu vida, o al otro amor de tu vida que es la música?
- Oh – al fin entendió el punto -. ¿Tan
importante es que no lo puedes dejar ir?
- Así de importante.
Becca se quedó pasmada por un segundo y,
cuando volvió en sí, se puso a pensar a qué se refería Billie Joe con “el otro
amor de su vida”.
- Billie… aún no me has dicho qué es, pero
sé que sabrás decidir bien. Aprenderás a sobrellevarlo, o a vivir sin ello
¿bien? sé tomarás la decisión correcta. Confío en eso – se calló por un
segundo, dudando si seguir o no -. Además, dudo que sea tan importante. Mira, tu vida es perfecta. Tienes a tus amigos, Mike
y Tré, y ellos no son por los que tienes que elegir ¿verdad? – Billie negó con
la cabeza -. Bien. Tienes a tus hijos y ellos tampoco son ¿no? – Billie negó
nuevamente -. ¿Lo ves? Ya me dijiste que la banda no es, entonces no hay nada por
qué preocuparse. Tal y como está, o estará, después que vuelvas con Addie si es
que así lo decides, tu vida es perfecta. Olvida todo lo demás.
- No – masculló el músico por lo bajo.
- Sí, Billie, olvídate. Porque eso no es
de vital importancia. Olvida a la prensa, olvida a tus fans, ellos son
importantes, pero no puedes venirte abajo por ellos, olvida a la gente que te
ve por YouTube, por MTV o VH1, olvida a la gente que pasa por aquí o allá,
olvida al tipo que estuvo con Adrienne, olvida a tu perro, a Blue, a la
cerveza, olvida todo. Olvídate de mí – concluyó Becca después de enlistar todo
a la velocidad del rayo -. Porque esas cosas o personas no son importantes.
- Hay cosas en tu lista que sí son
importantes – contradijo Billie.
- ¿Cómo cuáles?
- Como Blue, como Cleo, como los fans…
como tú.
- Billie… Blue es material, Cleo es tu
macota… dudo que Adrienne te pida que los dejes. Los fans, bueno sí son de
importancia, pero tampoco es algo “cambiable” porque los compartes con tu
banda. Y yo… eso ya depende de ti, si me consideras importante. Gracias por
decirlo, pero tu vida ya estaba hecha sin mí, así que puedes olvidarme hasta
que pase la tormenta.
- Becca…
- ¿Huh?
- Si tuvieras unos quince años más me
hubiese casado contigo.
Becca se rió, más de nerviosismo que de gracia,
pero no importó; porque ella sabía, muy en el fondo, que era ella por quien Billie
se jugaba el matrimonio.
- Así que Adrienne te puso entre la
espada y la pared ¿no?
Preguntó Mike tras darle un sorbo a su
jugo de fresa. Ambos estaban en el estudio del bajista y Billie acababa de
explicarle todo lo que había sucedido una semana antes durante su conversación
con Addie, y posteriormente, la que tuvo con Becca.
- No tanto así – contestó inseguro su
amigo.
- Vamos, Billie. Si vienes a contarme es
porque no tienes idea de que hacer, ya te conozco. Y si quieres que te diga la
verdad, desde que la conociste, supe que habría un problema con ella. No digo
que la taché de mala persona, sino que, por la cara que ponías cuando me
comenzaste a hablar de ella, supe que algo andaba mal.
- ¿Dices que sabías que Addie iba a
engañarme?
- ¡¿Qué?! ¡No! Me refiero a que sabía
que te ibas a encariñar con ella muchísimo. Que ibas a querer ayudarla, pero de
verdad no sabía que Adrienne iba a reaccionar así. Uno nunca sabe, pero siempre
hay presentimientos.
Billie se quedó pensando.
- Aun así, no hay razón para darme a
escoger – dijo finalmente.
- Billie, si te das cuenta, ella no te
dijo que escogieras entre Becca y ella. Otra cosa es que tú lo hayas
interpretado así.
- ¿Entonces?
- Tienes que preguntárselo. Es la única
forma.
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