23 de diciembre de 2013

Porque decirle a alguien "negra inmunda" en plena calle te hace quedar mal.

Sí, soy negra, y con orgullo. Pero, ¿cuales son las razones para gritarle a alguien "negra inmunda" en plena Av. Universitaria? Yo que sé. 
En un minuto, mi papá - que también es negro - estaba manejando en la avenida conmigo de copiloto. Al segundo, se cruza un auto blanco viejo casi masacrado y nuestro Mazda termina botándole el espejo de la izquierda. 
Con gran osadía, baja el dueño del auto - un tipo de metro cincuenta y rasgos andinos - su, supongo yo, esposa - algo más alta que él y cabello teñido de rubio (porque era recontra obvio) - y sus dos hijos - una chica como de dieciséis y un niño de... digamos nueve.
Yo me quedo dentro del auto observando la escena. 
Discuten. La mujer se mete cien veces entre cada oración, la hija saca cara por su padre que ni sabe qué decir, el niño se queda callado a un lado. Ese crío me cae bien. Parece el más normal de la familia. 
La mujer grita. Mi padre, en el fondo exasperado pero mostrando calma, le pide que por favor se quede en el auto para que el tipo y él puedan resolver el asunto. 
La señora se va. El tipo pide 150 soles por el espejo maltrecho. 
Ni fregando. 
Discuten de nuevo, y al cabo de unos minutos vuelve la mujer. Se baja la hija también. El niño se queda en el auto, felizmente. 
Yo observo la escena detrás de las lunas polarizadas, pero siento demasiado calor. La noche está reventando en calor. Abro la puerta despacio y veo que se asoma la adolescente. Me mira con cara de repudio. No le digo nada. Sigo escuchando la conversación y se vuelve a asomar de nuevo. Me mira y se ríe. No sabía que tengo cara de chiste. Ahora me limito a observarla. Es baja - como de 1.60 - algo subida de peso y de cabello oscuro. De su cara, no puedo decir mucho, el cabello le tapa la mitad. 

Yo, en cambio, me aburro y me pongo los Beats para escuchar algo de buena música. 
Se vuelve a asomar, ya me comienza a caer gorda - sin alegar al peso - y, sin soportar más el calor, me bajo del auto. Dejo los beats y la chica me barre con la mirada. 
Su papá "mete la pata". Dice que no manejó en ninguno de los dos carriles. Entonces, como buen abogado, mi padre saca su afrimación y la pone en su contra. 
 - Entonces es su culpa por no manejar en su carril. 
La esposa se mete de nuevo, mira al esposo con furia, porque casi perdieron la batalla. Mi padre mantiene posición y la hija arremete.
- Es obvio que fue su culpa - le dice a mi papá. 
Me carga que se fueran tres contra uno.
- Tu papá acaba de admitir que no sabe condicir - le digo y todos me miran derrepente. 
- Tu papá es el que no sabe nada - me dice en cambio. Ella sabe que su papá metió la pata. Hasta el fondo. 
Se voltea para irse, pero no me gusta el sabor amargo de dejarla responderle así. Busco una frase más original con la que expresarme, pero mi celular comienza a sonar. 
Lo saco pero no contesto. La chica lo mira. Está bonito. Es un Galaxy. 
- Ay, te crees porque tienes un Samsung. 
Si supiera... que con las justas lo sé manejar. Que parece que sabe más que yo... 
- No me creo nada - digo -. Yo no soy igualada. 
No se lo dije a ella, pero parece que así se lo tomó. La mamá la mira y se va al auto, no le queda otra cosa que hacer que seguirla. 
Me da risa y le grito: 
- Por eso jamás estudiarás en la PUCP - y señalo la universidad, que está justo al lado nuestro. 
Entonces, dice algo que no pensé que diría: 
- ¿Y? AL menos no soy una negra inmunda.
Me deja helada y no sé qué decir. De pronto, quiero reírme. Como si fuera la gran cosa. Mi papá la mira con furia. El otro tipo no tiene ni idea de qué hacer y la mamá no hace nada. 
Mi papá se acerca al hombre y esté parece hacerse más chico aún.
- Una cosa es un espejo, otra cosa es mi hija. 
Miro a la chica, me mira feo y me dirijo a su mamá: 
- Señora, aprenda a criar a sus hijos. Yo a una como esa ya le habría pegado una cachetada. Quizás pueda salvar al último.
Me meten al auto y se van. 
Nos metemos al auto y mi padre sigue con los humos encima.
- Ya, no te hagas hígado -  le digo -. Piensa como reina de belleza: paz mundial. Además, es Navidad. 

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