17 de agosto de 2016

“¿Es parque Kennedy peligroso a estas horas?”

Hace dos años dejé de escribir. Dos años llenos de amores, desamores y estupideces. Dos años de líos y amistades. Dos años de aventuras y recién hoy me animo a volver a teclear. 
Hoy me animo a tomarme un par de tequilas yo sola, cuando mis amigas ya se han ido. Hoy me animo a llorar como una sonsa en el baño de McDonald’s, aun cuando oigo el caño abierto y murmullos inquietantes. Hoy me animo hasta de llorar en el taxi que me lleva a casa. Y son sólo las 2 de la madrugada. Menos mal, porque nunca pasa nada bueno después de las dos.
He vuelto llorando a casa. Y es increíble, porque recién ahí me han salido las lágrimas. No antes, cuando debían. He llorado, sí. He llorado en tu cara, frente a ti, pero piensas que es por otra cosa que he dicho.
Y tampoco me he atrevido a decirte la verdad.
“¿Es parque Kennedy peligroso a estas horas?” pensaba preguntarte cuando contestaras el teléfono, porque tenía la esperanza de que lo hicieras. Temblando, caminando en el parque. Sola, borracha y con la sed de querer decirte todo lo que me callé. “Quiero un amor como el tuyo”, pensaba decir, “Un amor como del que me hablas. Quiero quedarme boba por alguien así. Quiero un amor tonto, con sonseras, con paseos nocturnos a la playa, sin complicaciones. Un amor que me diga ven y yo vaya, sin que me sienta mal por ir siempre yo. Quiero llegar a ese punto tan enamorado en que incluso otra persona que este enamorado de mí sienta y diga que debo seguir con ese amor.”
Porque yo lo hice contigo, pero no iba a decir eso. No se lo iba a decir. No iba a perder más mi dignidad diciéndoselo. “Oye, me gustas, me encantas, eres todo lo que no me gusta de alguien y, aun así, me encantas”.
“Quiero todo eso… pero sin los cuernos” Era verdad. ¿Cómo puede ser posible? ¿Cómo alguien puede amar tanto a otra persona y soportar tanto por amor?
“Los últimos días me la pasé pensando en ti antes de dormir” le iba a decir, porque sabía que iba a crearse un largo silencio acerca de lo anterior. “Pero no de una a forma romántica”, mentiría, “sino de una forma inquietante”, de cierto modo era verdad. “Me das curiosidad”.
“Porque sí” iba a contestar cuando me preguntaras curioso. “Pero resulta que, aun pensando en ti antes de dormir, jamás soñé contigo”. Ni una sola noche.
“¿Tu sueñas con ella?”, le preguntaría casi al instante y rogaría porque me dijera que sí. “Cuando sueñas con la persona especial para ti, especialmente casándote o juntos como pareja, significa que no van a quedarse juntos”, le explicaría, “Eso al menos decía mi abuela”. Y pues al parecer tenía razón. Yo había soñado con todos los hombres algo y medianamente importantes en mi vida.
“Yo nunca he soñado contigo, ¿tú has soñado conmigo?”, esa era la mejor declaración que se podía ocurrirme. A mí. Cerca de las dos de la mañana. Después de un par de tequilas. En un parque lleno de gatos. Podrías haber dicho que sí. Podrías haber dicho que no te importaba porque ya tenías a alguien. Podrías haberme dicho que me vaya a casa. Pero también podrías haber dicho que no. Podrías haberme dicho mil cosas. “Te puede pasar algo. No es que me preocupe por ti, ¿ya?, pero te puede pasar algo”, como me dijiste una vez. Y hubiera bastado, porque ese hubiera sido un sí. Sí he soñado contigo. Y hubiese sido el fin. Hubiese colgado y hubiese tomado un taxi a casa sin siquiera derramar una lágrima.
Pero no. Porque ni siquiera contestaste. Es más, mi celular se apagó antes que siquiera me contestaras. Y nunca lo supe, nunca supe que fui para ti. Que me quisiste agarrar de cojuda, que me quisiste como amiga, que me quisiste para tirar.

Y es mejor así. 
Quizás. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario