Háblame despacio
hay algo en tus ojos
no dejes caer tu cabeza con pena
y por favor no llores
Sé cómo te sientes por dentro, a mí
a mí me ha pasado lo mismo
No llores esta noche.
DON’T CRY – GUNS N ROSES.
Crisis del siglo veintiuno.
Definitivamente eso lo había dejado pensando demasiado. Definitivamente esa chica lo había dejado pensando demasiado. Definitivamente esa chica tenía en problemas, demasiado.
Hacía ya unos minutos que él la había ido a dejar a casa, si es que se podría decir así a algo como eso. Un barrio alejado de su casa, en uno de esos edificios que no se pueden decir que están abandonados porque en fin. Alrededor se paraban algunos vendedores y damas de compañía, por decirlo de algún modo.
Realmente no podía creer que ella viviese así. Corrección: no sabía cómo ella haya sobrevivido viviendo así.
Condujo con bastante calma hasta la casa de Tré, a cual quedaba algo lejos de donde había dejado a Rebeca.
Rebeca…
Quince años, ligeramente más baja que él, cabello lacio, ojos marrones y piel canela. Un pedazo de mujer que tenía más complicaciones en su vida que la mayoría de las personas.
¿O no?
Quizás era Billie quien ignoraba los problemas de los demás, es decir, un hombre millonario, conocido y millonario; no era de su importancia los problemas de los demás.
- Genial, me acabo de convertir en una imagen clonada de Bush. – comentó el hombre con ironía.
Bush. El estúpido presidente que encuentra divertido matar gente para conseguir lo que quiere. Hacer sufrir a las personas, parte de sus pasatiempos.
Sufrimiento.
Otra vez terminaba pensando en Rebeca. Todo lo que pensara lo conducía hacia ella.
El hombre siguió manejando por varias cuadras más y durante un semáforo en rojo, sonó su celular.
- Hola – contestó con tranquilidad.
- Mierda Billie, ¡deberías estar aquí hace dos horas! Ya sé que es una gran necesidad para ti, pero deberías esperar hasta más tarde; no creo que andes tan necesitado para hacerlo con Addie todo el tiem…
- Tré… - comenzó Billie, pero el semáforo cambió -. Te lo explico cuando esté allá.
- Per…
Y cortó.
Ni bien lo hizo, comenzó a conducir mucho más rápido, tomando algunas calles que estaban más vacías, permitiéndole llegar mucho más rápido a la casa de su amigo, quien estaba parado en el umbral de la puerta acompañado de un hombre bastante más alto y rubio.
Éste fue el primero que se dirigió a Billie ni bien bajó de su auto.
- Creo que necesito una explicación. – musitó Mike con verdadero enojo.
- Necesitamos – corrigió el baterista.
El cantante los miró por dos segundos y suspiró.
- Bien, pero creo que estaría bien que los dijera adentro… ¿no? – los otros dos asintieron y se dirigieron al living. – ahora sí – comentó más para sí que para sus amigos – Lo que pasa es que yo estaba viendo hacia acá, bueno sólo había salido de casa y Rebeca también estaba ahí y estaba deprimida y no podía dejarla así y…
- ¡Hey! Por partes. – Interrumpió Mike - Primero: ¿Quién es Rebeca? – preguntó con bastante interés.
- Bueno, es… una chica – dijo con obviedad.
- No me digas… - comentó Tré irónicamente. – porque pensé que era un hombre.
Mike y Billie rieron levemente.
- De acuerdo, ni bien tú me llamaste – señaló a Mike – tomé mis cosas y salí de casa pero antes, Addie me había dicho que había alguien fuera de la casa, que parecía un paparazzi; entonces cuando salí le pedí que se fuera.
- Y resultó que no era un paparazzi – musitó Tré por lo que Billie asintió.
- Sino que era Rebeca. – ató cabos Mike.
- Si – afirmó el guitarrista.
Se quedaron en silencio.
- De acuerdo, pero eso aún no me dice quién es Rebeca. – dijo Mike con voz baja.
- Bien, ella… tiene problemas. Y no estoy seguro de estar en posición de contárselo a todo el mundo. – dijo el hombre con seriedad.
Y otra vez la sala fue invadida por el silencio, silencio que Tré aprovecho para irse al baño, silencio que aprovecho Mike para sacarle algo a su mejor amigo.
- Billie, no entiendo porque estas así. – comenzó Mike.
- No sé a qué te refieres. – lo evitó Billie.
- Si lo sabes y lo sabes muy bien, pero sé que no lo admitirás así que te lo diré una sola vez y no quiero que lo niegues. – Suspiró – Es Rebeca. – Billie miró el suelo y abrió la boca para contradecir en algo. – ¡ah! Por cierto, no intentes sacar lo del disco y tu “crisis de creatividad” porque ambos sabemos que no lo es. – Mike sí que lo conocía.
- ¿Cómo lo sabes? – se rindió Billie. Sabía que no podía hacer nada contra la superioridad del bajista.
- Billie, te conozco desde los diez años, creo que es más que suficiente – hubo un pequeño silencio –. Pero… debo admitir que, aunque aún no sé muy bien quien es ella, veo que te importa más de lo que debería. ¿Tengo razón?
- Dime cuándo no la has tenido – se rindió Billie –. No sé qué tiene de especial, es como si tuviera el poder de captar toda mi atención. Sus ojos son tan… profundos, hipnotizan.
- Entonces es grave – comentó Mike.
- No lo creo, lo más probable es que nunca la vuelva a ver. – dijo sin estar completamente seguro de eso y dando el tema por terminado.
Se quedaron tocando bastantes de las canciones viejas en el sótano de Tré durante varias horas y, cuando ya los tres se aburrieron, subieron a tomar algo; y por algo me refiero a cerveza.
- Aun no entiendo por qué quieres sacar otro disco tan rápido, la mayoría de bandas se demoran como tres o cuatro años. – comentó Mike después de un rato, con cerveza en mano. – A menos que quieras repetir plato con el éxito de American Idiot.
- No, no es por American Idiot. – dijo Billie completamente convencido. – Si te das cuenta, cada vez nos demoramos más en sacar un disco y para cuando lo hacemos, ya se olvidaron de nosotros.
- Y así sabemos quiénes son nuestros verdaderos fans – Tré fue el que entró en la conversación.
Discutieron un rato más y luego, para cuando ya estaban ligeramente pasados de copas, dejaron el tema al aire.
Rieron, cantaron, hicieron sus típicas tonterías y recordaron buenos tiempos; en sí, pasaron un muy buen rato.
Pasada la medianoche, Mike y Billie decidieron que era hora de volver a casa, así que se despidieron y se digirieron a sus respectivos hogares.
Ni bien Billie llegó a la suya, se percató que todos estaban ya durmiendo, así que se fue al patio con un cigarrillo, un cuaderno y un par de lápices; para luego recostarse de uno de los árboles, donde se permitió pensar.
- Así que… ¿qué haces aquí? – le había preguntado él.
- Estás interesado y no entiendo por qué. Quieres que te cuente porque estoy así, pero se supone que no debería decirlo. Es decir, tu eres platudo y eso, yo no soy más que una chica cualquiera. – dijo con dureza en su voz. Billie no quería que pensara eso de él.
- No es así. Yo soy el menor de seis hermanos y mi madre trabajaba en un café; créeme, no soy ningún engreído o, como dices tú, un platudo. – dijo con sinceridad.
Ella lo meditó durante unos segundos.
- Te creo, no creo que otra persona se haya acercado a preguntarme si estaba bien o algo – dijo -. Gracias – agregó con sinceridad mezclada con timidez.
Él le sonrió.
- Es un placer, Becca.
El hombre le dio otra pitada a su cigarro, recordando cada uno de sus rasgos. No parecía ser de ahí… era una chica misteriosa y, al mismo tiempo, muy real.
Se quedó recostado durante mucho rato pensando durante en ella, en su forma de ser.
- Algo me dice que no eres de aquí, de Estados Unidos -. Comenzó él después de un minuto de silencio. La conversación había avanzado bastante, como si fueran amigos desde hace un tiempo. No parecían mejores amigos pero no desconocidos como lo eran.
- No, no soy de aquí. Supongo que el acento no es el mejor. – rió
- Hablas muy bien el inglés pero no es el acento de ningún estado porque conozco todos y no es de ninguno de ellos. Así que dime, ¿de dónde viene esta linda damisela?
Rebeca rió mientras se sonrosaba, sabía que él lo decía de broma pero igual le era inevitable enrojecerse.
- Adivina – lo retó.
- Pues… creo que necesito una pista. Y una buena, porque nunca fui bueno en geografía.
- Sudamérica. – musitó mientras reía nuevamente. No sabía cómo había alguien que pudiese levantarle el ánimo tan fácilmente.
-Bien, estuve ahí solo una vez y fue en los 90’s… - comentó.- esto tomará rato.
Y por enésima vez en el día, ambos rieron.
Billie se sonrió.
Después de mucho rato, en el que el hombre había estado intentando adivinar de dónde venía Becca, esta terminó diciéndole que venía de Perú y le había hablado un poco de su país, cosa que le interesó mucho al hombre, en especial, la historia del país.
El cigarro ya se había terminado y realmente no tenía muchas ganas de ir por otro. Miró el cuaderno, aún no le ocurría nada que escribir.
Realmente le agradaba esa chica, a pesar de todos sus problemas y eso, tenía su sentido del humor.
A pesar de sus problemas…
Ellos se habían quedado mudos, como si les pagaran por ello.
- Billie… - susurró ella.- no sé qué hacer.
- ¿Qué hacer con qué?
Billie debió la vista del atardecer para fijarla en los ojos de Becca.
- Con mi vida. No quiero volver al Perú, es decir, no lo odio pero no hay nada que pueda hacer ahí. En serio no quiero volver.
- ¿Debes? – preguntó con tristeza en su voz. Se extrañó al sentir eso.
- Pues, mi historia es más trágica de lo que debería ser; tú sabes, no debería sobrepasarse de los típicos problemas adolescentes. “¡ay no tengo que ponerme!” “¡No tengo novio!” O “¡Mi madre me odia!” – esto último le provocó un retorcijón en el estómago, pero Billie no se dio cuenta de los incómoda que estaba ya que le había provocado bastante risa su imitación de las típicas adolescentes histéricas.
- Supongo, pero aún no logro entender que es lo malo que sucede en tu vida.- musitó él.
- Es… difícil – susurró mirando sus manos –. Mi madre salió embarazada muy joven, exactamente a los dieciséis – comenzó –. Siempre dicen que a esa edad el cuerpo no está preparado para todo eso… y es verdad – suspiró –. Ella debería tener ahora treinta y uno.
- ¿Debería?
Becca asintió.
- Ella falleció en el parto. Obviamente no la recuerdo, solo la he visto por fotos.
- Lo siento. – susurró.
- No, no lo sientes. – dijo ella. – Apuesto a que no lo sabes lo que se siente.
Él la miró con una sonrisa triste.
- Mi papá murió cuando tenía diez años. Créeme que sé lo que siente – la adolecente miró el suelo. Una lágrima rebelde rodó por sus mejillas – Fue… duro. Quizás lo más duro que me tocó vivir y cambió mi vida drásticamente. Además cometí un gran error: – la adolescente lo miró con curiosidad – jamás me desahogué. Y fue como tener una daga en el corazón.- suspiró - Recién después de mucho tiempo me permití hacerlo.
- ¿Y cómo terminaste por hacerlo? – inquirió ella.
- Escribiendo una canción.
Se quedaron en silencio. Billie no quería decirle a ella sobre su trabajo, no le daba ganas de arruinar esa conversación.
- Bueno, después de todo, mi tía Viviana se encargó de mí y hace unos años nos terminamos por mudar aquí, tú sabes, en busca del sueño americano. Probablemente lo que más me costó fue dejar a mis amigos y familiares, sin embargo… no nos iba bien así que ella decidió volver al Perú. – relató en voz baja. – yo no quise irme y le pedí, no, le rogué que me deje quedarme, le dije que tenía que terminar el colegio y que me haría cargo de mí misma. Y creo que no me fue muy bien con lo último. A decir verdad, nada bien.- ella se calló.
- Continúa – de verdad él quería que continuase.
- Bueno, para pagar la imitación de hogar que tengo y la escuela, estuve trabajando en una cafetería; me encargaron la caja, lo cual me pareció extraño porque solo tengo quince y aún no termino el colegio, pero no me hice problemas.
>>Un día que fui al trabajo como todos los días después de la escuela, me encontré con la sorpresa de que había desaparecido una fuerte suma de dinero de la caja. Supongo que sabes a quien culparon ¿no?
- A ti – susurró el mirándola a sus ojos cafés, que estaban empapados en lágrimas. – Ahora no tienes dinero.
- Exacto, tendré que irme. Lo peor de todo es que ni siquiera tengo para el maldito pasaje de vuelta. – él la abrazó y aun en esa posición ella continuó: - Quiero que sepan que soy capaz de hacer cosas por mí misma aunque, al parecer no lo soy. - Se echó a llorar. – Mi vida es un desastre.
- No es así. – dijo él completamente convencido mientras le acariciaba el cabello a la adolescente.
- Sí lo es, lo peor de todo es que ni siquiera tengo alguien que me ayude, estoy completamente sola. – susurró sollozando.
- No, no es así - repitió –. No estás sola, yo estoy aquí. Yo te cuidaré, lo prometo. No llores, por favor, ya no llores.
Y con ese pensamiento en mente, Billie se durmió viendo el amanecer.
ASKJDLKFAJSDLKFAJS me gusta *------* oh yeah :'D Att. La misma que te comentó en el cap. anterior e.é xD
ResponderEliminarGracias por leer, es genial que te guste:) Gracias, en serio!
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