26 de agosto de 2012

Anywhere - Chapter 4: Where did you sleep last night?

No me engañes.
Dime, ¿dónde dormiste anoche?
Donde el sol no brilla nunca.
Temblaba de frío toda la noche.
WHERE DID YOU SLEEP LAST NIGHT? – NIRVANA.


- Está bien aquí – dijo la adolescente a dos cuadras de su casa.
- Claro que no, no me hará daño conducir un par de cuadras más allá. 
El cielo estaba oscuro y recién ambos llegaban de su salida. Habían ido al cine por su película decente y luego a un restaurante donde cenaron… y tomaron vino, bastante vino. 
Rebeca no quiso insistir más y aceptó que la lleve un poco más allá. 
- ¿Ves? No me morí por conducir un poco más – dijo Billie Joe –. Quizás esté un poco ebrio por el vino de la cena pero estoy en condiciones. 
Ella negó con la cabeza. 
- Por eso no quería que bebieras ¿sabes? De todas formas, no deberías irte a casa así. Yo me podría haber venido sola, los autobuses pasan hasta esta hora y tú estarías ya en tu casa. 
Fue el turno de Billie de negar. 
- No, yo te invité; yo tengo que traerte. Además, ya estoy aquí. 
Ambos estaban parados en la puerta de la casa de Becca, ella metió la llave en la cerradura y abrió. 
- Pasa. – eso sonó más como una orden que una invitación.
- No es neces… 
- Sí lo es - lo interrumpió -. Déjame darte algo de tomar, para que te despiertes un poco. – pidió ella fundiendo sus ojos cafés en los verdes de él. 
Billie Joe aceptó de mala gana y entró a la casa, se sentó donde lo había hecho unas horas antes y la muchacha se dirigió a él diciéndole: 
- Te daré solo café porque no tengo otra cosa ¿De acuerdo? 
- De acuerdo pero, en ese caso, deberíamos ir de compras en esto días.
- ¿Deberíamos? – ella alzó una ceja. 
- Sí, no pienses que no voy a ayudarte. Y no insistas porque no cambiaré de opinión. 
La adolecente hizo como si no hubiese escuchado eso y se fue a la cocina, donde se dispuso a preparar el café. 
Definitivamente ella estaba mucho más sobria que su amigo. 
Cuando estuvo casi lista la bebida, recordó que había olvidado un pequeño detalle, por lo que dejó la taza ahí y fue a preguntarle a Billie cuánto de azúcar debía echarle. 
Y ni bien llegó, encontró a su amigo profundamente dormido. 
- Hey, Billie – susurró sacudiéndolo levemente. El aludido no despertaba. – ¡Billie!… - lo sacudió más fuerte y el hombre abrió un ojo despacio. 
- ¿Becca? – preguntó. – Lo siento, es que necesito dormir; anoche no lo pude hacerlo bien – agregó con voz adormitada. 
- Está bien, si quieres, tú puedes dormir en mi cama, yo puedo hacerlo aquí. – propuso ella. 
- No, claro que no – negó Billie Joe –. Debo irme a casa. 
¡¿Acaso está loco?! Pensó Becca. 
- Oh, no. Por supuesto que no, ni siquiera puedes mantener tus ojos abiertos por más de treinta segundos y quieres conducir. No te dejaré salir de aquí ¿sabes?
El hombre negó e intentó fallidamente, levantarse. 
- Me voy a casa. Ahora. – intentó, ahora con éxito, ponerse de pie. 
- Billie, no irás. – Lo agarró del brazo – No así al menos. Mañana puedes irte temprano si quieres, pero ahora no. Y esa es mi última palabra. 
Como Billie no quería otra cosa que no sea dormir, cosa que era comprensible puesto que eran como las tres de la mañana y la noche anterior había dormido bajo un árbol, asintió y se recostó otra vez en el mueble. 
- De acuerdo me quedaré, pero yo duermo aquí. Tú ve a tu cama. – ella asintió mientras se le acercaba y le daba un beso en la mejilla. – Duerme bien Becca. – susurró él. 
- Duerme bien Holden. – contestó la adolescente pero Billie ya se había dormido. 


Becca abrió sus ojos al sentir el sonido del despertador. Maldijo un par de veces y se levantó con bastante sueño; se metió en el baño y se desvistió, para luego tomar una ducha. 
A su vez, Billie dejaba de dormir al sentir un intenso frío, a pesar de ser verano. Con bastante esfuerzo abrió los ojos y enfocó su vista. Lo primero que vio fue una manta azul oscuro tirada en el suelo, la tomó y se la enrolló en el cuerpo. Bostezó un par de veces antes y se acomodó en el mueble. 
Sintió un bulto. 
Metió su mano entre los cojines del mueble y encontró su celular, lo tomó y lo prendió. Inmediatamente, saltaron a la pantalla muchas llamadas perdidas. El mayor número de ellas era de Adrienne, seguido por Mike y Tré, respectivamente. 
Antes que pudiese maldecir, Becca apareció ya vestida. 
- Buenos días. – dijo ella sin poder contener un bostezo. El reloj marcaba las seis treinta. 
- Buenos días Becca – Billie se paró del mueble y tomó la manta, extendiéndosela. – No quiero ser mal educado ni nada pero debo irme ahora, mi esposa va a asesinarme. 
- Bueno, de todas formas yo también estoy de salida. 
- ¿Así? – preguntó él.
- Ajá, por si no lo sabes, algunos debemos ir a la escuela. Ya estoy en finales así que no puedo faltar. 
El hombre asintió lentamente. 
- Te llevo. – dijo él antes de pensarlo siquiera. 
Ella se extrañó igual o aún más que él. 
- ¿No que vas a ser asesinado hoy? – preguntó con gracia. 
Le sacó una pequeña risa al hombre 
- Sí, obvio. Desaparecí todo el día de ayer y no llegué a dormir en casa. Obvio que moriré y saldré en la noticias mañana, pero al menos podría hacerte este favor antes de morir; ya sabes, para que me recuerdes como buena persona. 
Ella meneó la cabeza en señal de desaprobación. 
- Contigo no se puede – aceptó de mala gana –. Si te matan en serio, no será mi culpa. 
El hombre rió. 
- Se nota que no tienes la menor idea de cómo es mi esposa.


Billie puso de nuevo el auto en marcha, esta vez con su casa de destino. Durante todo el viaje hacia la escuela de Becca, se había relajado lo suficiente para convencerse de que Adrienne no lo interrogaría en absoluto. Pero, ni bien la adolescente se fue, esos pensamientos optimistas se esfumaron de su mente y sintió una especie de temor al pensar lo que podría pasar una vez que se estacionara frente a su casa. 
Y, ni bien eso ocurrió, sintió como se le formaba un nudo en el estómago. Tomó aire en grandes bocanadas para intentar relejarse antes de salir del auto. 
Miró otra vez la fachada de su casa y bajó, caminó hasta la entrada, tomó sus llaves y las introdujo en la cerradura lentamente, como si intentase que se retrasar lo obvio. Sin embargo, era inevitable escaparse de la situación.
Se le escapó un suspiro. Y, antes que le diese vuelta a la manija, alguien abrió desde adentro. 
Y ese alguien era Adrienne, que no estaba demasiado feliz de ver a su esposo. 
- No me mientas – fue lo primero que le dijo. Su voz conservaba clama pero aún se percibía la rabia saliendo de sus ojos. - ¿Dónde dormiste anoche? 
Otro nudo se le formó en el estómago. 
- Estaría bien que me dejaras entrar, amor. – Adrienne ignoró eso último y caminó hacia dentro de la casa. Billie, por su parte, la siguió de mala gana. – Addie, no te enojes, por favor. 
- ¡¿QUE NO ME ENOJE?! – explotó al fin. - ¡¿QUE NO ME ENOJE?! – repitió. 
Billie miró al suelo, no podía ver el enojo en su mirada. 
- No me avisaste Billie, ¡Estuve esperándote como una estúpida! – Se notaba en sus ojos un par de ojeras – ¡Ni siquiera te dignaste a llamarme! ¡Nada! – Adrienne suspiró en un intento de mantenerse clamada-. Dime, ¿con quién estabas? – Y, ni bien su esposa dijo esto, se le vino a la mente las caras de Mike y Tré, no sería muy malo mentir. – Ah, por cierto, Mike dijo que ni bien te dignes a parecer, lo llames. – entonces su plan se fue a la mierda. 
- Bien… yo… estaba solo. – contestó él. 
- ¿Solo? – preguntó incrédula. Billie asintió – y… ¿Qué hacías solo? 
Hora del interrogatorio. Hora de convencer a Addie. Hora de que Billie se inventara una buena historia. 
- Bueno, estaba intentando escribir canciones, cosa que llegué a hacer al final…
- ¿Así? – estaba muy, muy incrédula. – y, ¿Dónde están? 
- Pues… - Billie recordó que no tenía ni un papel escrito, por lo que siguió inventando. – Las boté. Las releí hoy en la mañana y no me gustaron; por eso me demoré en venir, aparte porque estaba al otro lado de la ciudad, acá no hay casi motivación. – agregó 99% de sinceridad en sus ojos y, para su suerte, Addie no vio el 1% restantes. 
Billie la miró suplicante, Adrienne lo miró: la rabia ya no estaba ahí. 
- No sé si sabes, pero existen los teléfonos. Igual hubieras podido avisarme. 
- Lo sé, lo sé. – Ya no se sentía en condiciones de poder mentirle a su esposa, a pesar de todo, la amaba. – Lo siento Addie, siento no avisar. – agregó. 
Y siento tener que mentirte, pensó. 
- La última vez, sino yo voy a ten… - comenzó ella con amenaza fingida. Lo amaba de demasiado como para no poder perdonarlo. 
Billie la amaba demasiado como para no sentir un hueco en la garganta. 
- Nunca más. – prometió acercándose a la mujer para besarla con dulzura, en cambio ella, llevó el beso a otro nivel, dejando más que claro sus intenciones.

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