1 de mayo de 2013

Anywhere - Chapter 25: Why do you want her?


Te vi de pie con una triste mirada en tu cara 
Parece que te dejó sin dejar rastro 
Con lágrimas cayendo de tus ojos
Has estado sintiéndote mal durante mucho tiempo 
Te preguntas si esto está bien o mal 
¿Por qué la quieres? 
Ahora han pasado unos cuantos días 
Y aún te sientas ahí y lloras
Estás tan obsesionado con su amor 
Has estado pasándolo mal durante mucho tiempo 
Te preguntas si está bien o mal. 
¿Por qué la quieres? 

Cuatro de febrero. Un día completamente normal para cualquiera menos para Billie, Addie y Becca.
Ese día, Becca se había conectado al internet y, por coincidencias de la vida, también lo había hecho una amiga suya de Perú.
Hablaron durante un par de horas y, ni bien comenzaron a sentir dolor en los dedos, decidieron hacer una video-llamada y simplemente dedicarse a hablarle a un pantalla.

- Bueno Amanda…. Tengo algo que contarte – musitó Rebeca después de un rato y, al ver la cara que puso su amiga, se dispuso a agregar: - No es nada malo.
Ella frunció el ceño algo dudosa, pero al final dijo:
- Bien… habla.
Entonces Becca ordenó las ideas mentalmente, decidida a contar sólo una parte de la verdad, tras lo que abrió la boca para decírselo pero, muy a su pesar, sonó la puerta.
- Están tocando – anunció y sin esperar respuesta alguna, se dispuso a abrir.
Y ni bien lo hizo, alguien se le tiró encima, la abrazó fuertemente y hundió su cabeza en el pecho de la adolescente, dejando escapar algunos sollozos.
Rápidamente la distinguió el cabello negro, la tez clara y los numerosos tatuajes que este tenía en los brazos que la rodeaban.
Claramente era Billie Joe.
Y estaba llorando.
La adolescente no se atrevió a moverse ni un centímetro, mas le comenzó a dar pequeñas palmaditas en la espalda, pero que ni siquiera lograron calmar al hombre.
Becca comenzó a sentirse bastante mal, a pesar de no saber porque su amigo lloraba, a pesar de no recordar que su amiga estaba confundida del otro lado de la pantalla.
Se le escapó una lágrima silenciosa, que cayó por su mejilla lentamente hasta desvanecerse en el cabello del hombre al que abrazaba.
- Billie… - susurró y él levantó la mirada, clavando sus ojos en los de su amiga. No se veían tan verdes como solían ser, estaban más bien opacos –. Vamos a la sala, ahí hablaremos ¿sí?
El asintió lentamente sin quitar la vista del suelo. La chica lo tomó de la mano y lo llevó hasta uno de los muebles, donde vio la expresión de confusión de su amiga tras la pantalla. Entonces recién recordó que ella estaba ahí.
- Anda. Habla con tu amiga. Está esperándote – dijo Billie, percatándose de la presencia de alguien más –. Yo… estaré en tu habitación.
Tras terminar esa oración, intentó pararse paró.
- No – se negó Becca tomándolo por los hombros y sentándolo nuevamente. El hombre obedeció y ella tomó la computadora, que casualmente él le había regalado.
- ¿Qué mierda está pasando? – exclamó Amanda ni bien Becca le prestó atención.
- Discúlpame ¿sí? Tengo que irme. Es urgente – dijo con una mirada de “en serio es urgente”
Amanda suspiró cansinamente.
- De acuerdo. Pero primero, quiero saber si ese es bueno… ya sabes. – dijo titubeando. Billie no sabía nada de español pero aun así entendería su nombre.
- Sí, si lo es. Y era eso lo que quería contarte. Bueno, ya lo sabes –. Volteó a ver a su amigo, que no entendía nada ya que estaban hablando en español.
Gracias al cielo.
- De acuerdo, ve, no importa. ¡Pero me vas a contar ah! – dijo la chica detrás de la pantalla, divertida.
Becca agradeció que no se enojara, hacía mucho que no hablaban y de pronto había tenido que cortar la comunicación.
- ¡Todas las explicaciones que quieras! Ahora… debo irme.
Amanda asintió.
- Adiós. Te enviaré un mail en estos días.
- Cuídate.
Tras cerrar cesión, se sentó al lado de su mejor amigo y le tomó la mano.
- ¿Quieres contarme qué sucedió? – preguntó con voz suave.
Billie asintió. Becca notó que tenía la nariz roja por tanto llanto. ¿Había conducido así?
- A… Addie… - susurró Billie, pero no puedo terminar, ya que lee llanto lo venció  nuevamente.
Becca solo lo abrazó con fuerza.
- Billie… sabes que puedes decirme lo que sea… ¿verdad?
- Sí, Becky, lo sé.
Ella le sonrió intentando inspirarle más confianza.
- Bien… ¿Qué paso con Addie? ¿Pelearon?
El hombre negó con la cabeza.
- No, peor – se calló y Becca esperó a que él continuara pero no fue así.
- Billie… no puedo ayudarte si no me cuentas…
Entonces él comenzó a narrar.

Él se había juntado con Mike y Tré en la casa de este último, para tomar unas bebidas, Addie lo sabía, pero no quiso ir a pesar de que estaba más que invitada.
Lo que pasó en casa del baterista fue lo de siempre: música, ensayo, risas y alcohol. Simplemente decidieron relajarse, darse “unas palmaditas en la espalda” y olvidar sus propios problemas… no quería malograr la tarde con sus quejas.
- Ya me voy – dijo el cantante después de bastante rato.
- ¿Y esa novedad? – preguntó el bajista con sorpresa. Billie jamás iba a su casa temprano, a veces incluso se quedaba hasta el día siguiente.
- Addie me espera – mintió. Ella estaba más bien con la idea de que llegaría tarde. Bastante tarde.
Y sus amigos sabían eso, mas no quisieron contradecirlo.
Entonces Billie se fue, dejando a sus amigos con algunas dudas en mente. Al fin y al cabo, lo más importante para él era reconciliarse con Addie… y saber de Becca.
Hacía varias semanas que no sabía de ella. Se estaba comenzando a preocupar, pero no se atrevía a llamarla… aun sentía las cosas estaban tensas.
Si todo estuviese bien… ella te habría llamado, pensó el hombre con miedo. Miedo de haber fregado todo. Pero luego recordaba el día de la mudanza… cuando, por lo que el percibió, todo se había arreglado.
Se sentía mal… vacío.
Sin Addie…. sin Becca…
Pero Adrienne sí estaba para él.
Sonrió cansinamente.
Y con esa sonrisa cansina, llegó a casa.
Una vez dentro, se dirigió al estudio, sin saludar a nadie, sin querer hablar con nadie. Sólo quería pensar… pensar en ella.
Su subconsciente le tiró una cachetada. ¿Cómo se atrevía a siquiera sentirse mal porque ella se fue? ¡Si ni siquiera era su hija de verdad!
Se sentó en el pequeño mueble y se le escapó una lágrima.
¡¿Cómo se atrevía siquiera?!
Solo habían pasado algunos días y él ya la extrañaba, porque estaba obsesionado con ella. Porque estaba obsesionado con su amor.
Con el amor que ella inconscientemente le dio. Amor de amigos. Amor de padre-hijo. Amor de más.
¿Por qué la quieres? Se dijo así mismo. ¿Por qué sufres por ella? Ahora ni siquiera sé si está bien o mal.
Suspiró y decidió olvidarse de ella momentáneamente. Subir y ver a su esposa. Quizá satisfacerla sin ganas… pero satisfacerla.
Subió las escaleras lentamente y justo antes de girar el picaporte de la habitación matrimonial se detuvo abruptamente.
Se congeló en su sitio al escuchar un ruido característico. No… no podía ser. Sentía que sus piernas temblaban… misma gelatina. Sentía que las lágrimas caían por sus mejillas… mismo dolor. Y sentía que su corazón se detenía… misma muerte.
Entonces, con la valentía del propio Mío Cid, puso su mano en el picaporte y lo giró antes de que se diese cuenta de lo que estaba haciendo.
Y fue ahí en que, como un baldazo de agua helada, estuvo enfrente de la realidad.

- Billie, no entiendo… explícate -. Exigió la adolescente, a pesar de sí haber entendido, pero sin querer aceptarlo.
- Addie… ella…. – la miro con sus opacos ojos verdes – estaba con alguien más.
 Fue entonces que Becca abrió los ojos desmesuradamente, mas él no lo notó ya que lloró nuevamente y susurró de forma lenta:
- Me acaba de pedir el divorcio, Becca.
La adolescente no supo que hacer o decir, solo dejo que llorara sobre su hombro.

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