Te
vi de pie con una triste mirada en tu cara
Parece que te dejó sin dejar rastro
Con lágrimas cayendo de tus ojos
Has estado sintiéndote mal durante mucho tiempo
Te preguntas si esto está bien o mal
¿Por qué la quieres?
Ahora han pasado unos cuantos días
Y aún te sientas ahí y lloras
Estás tan obsesionado con su amor
Has estado pasándolo mal durante mucho tiempo
Te preguntas si está bien o mal.
Cuatro de febrero. Un día
completamente normal para cualquiera menos para Billie, Addie y Becca.
Ese día, Becca se había conectado al
internet y, por coincidencias de la vida, también lo había hecho una amiga suya
de Perú.
Hablaron durante un par de horas y, ni
bien comenzaron a sentir dolor en los dedos, decidieron hacer una video-llamada
y simplemente dedicarse a hablarle a un pantalla.
- Bueno Amanda…. Tengo algo que contarte
– musitó Rebeca después de un rato y, al ver la cara que puso su amiga, se
dispuso a agregar: - No es nada malo.
Ella frunció el ceño algo dudosa, pero
al final dijo:
- Bien… habla.
Entonces Becca ordenó las ideas
mentalmente, decidida a contar sólo una parte de la verdad, tras lo que abrió
la boca para decírselo pero, muy a su pesar, sonó la puerta.
- Están tocando – anunció y sin esperar
respuesta alguna, se dispuso a abrir.
Y ni bien lo hizo, alguien se le tiró
encima, la abrazó fuertemente y hundió su cabeza en el pecho de la adolescente,
dejando escapar algunos sollozos.
Rápidamente la distinguió el cabello
negro, la tez clara y los numerosos tatuajes que este tenía en los brazos que
la rodeaban.
Claramente era Billie Joe.
Y estaba llorando.
La adolescente no se atrevió a moverse
ni un centímetro, mas le comenzó a dar pequeñas palmaditas en la espalda, pero
que ni siquiera lograron calmar al hombre.
Becca comenzó a sentirse bastante mal, a
pesar de no saber porque su amigo lloraba, a pesar de no recordar que su amiga
estaba confundida del otro lado de la pantalla.
Se le escapó una lágrima silenciosa, que
cayó por su mejilla lentamente hasta desvanecerse en el cabello del hombre al
que abrazaba.
- Billie… - susurró y él levantó la
mirada, clavando sus ojos en los de su amiga. No se veían tan verdes como solían
ser, estaban más bien opacos –. Vamos a la sala, ahí hablaremos ¿sí?
El asintió lentamente sin quitar la
vista del suelo. La chica lo tomó de la mano y lo llevó hasta uno de los
muebles, donde vio la expresión de confusión de su amiga tras la pantalla. Entonces
recién recordó que ella estaba ahí.
- Anda. Habla con tu amiga. Está
esperándote – dijo Billie, percatándose de la presencia de alguien más –. Yo… estaré en tu habitación.
Tras terminar esa oración, intentó
pararse paró.
- No – se negó Becca tomándolo por los
hombros y sentándolo nuevamente. El hombre obedeció y ella tomó la computadora,
que casualmente él le había regalado.
- ¿Qué mierda está pasando? – exclamó
Amanda ni bien Becca le prestó atención.
- Discúlpame ¿sí? Tengo que irme. Es
urgente – dijo con una mirada de “en serio es urgente”
Amanda suspiró cansinamente.
- De acuerdo. Pero primero, quiero saber
si ese es bueno… ya sabes. – dijo titubeando. Billie no sabía nada de español
pero aun así entendería su nombre.
- Sí, si lo es. Y era eso lo que quería
contarte. Bueno, ya lo sabes –. Volteó a ver a su amigo, que no entendía nada
ya que estaban hablando en español.
Gracias
al cielo.
- De acuerdo, ve, no importa. ¡Pero me
vas a contar ah! – dijo la chica detrás de la pantalla, divertida.
Becca agradeció que no se enojara, hacía
mucho que no hablaban y de pronto había tenido que cortar la comunicación.
- ¡Todas las explicaciones que quieras!
Ahora… debo irme.
Amanda asintió.
- Adiós. Te enviaré un mail en estos
días.
- Cuídate.
Tras cerrar cesión, se sentó al lado de
su mejor amigo y le tomó la mano.
- ¿Quieres contarme qué sucedió? –
preguntó con voz suave.
Billie asintió. Becca notó que tenía la
nariz roja por tanto llanto. ¿Había conducido así?
- A… Addie… - susurró Billie, pero no
puedo terminar, ya que lee llanto lo venció
nuevamente.
Becca solo lo abrazó con fuerza.
- Billie… sabes que puedes decirme lo
que sea… ¿verdad?
- Sí, Becky, lo sé.
Ella le sonrió intentando inspirarle más
confianza.
- Bien… ¿Qué paso con Addie? ¿Pelearon?
El hombre negó con la cabeza.
- No, peor – se calló y Becca esperó a
que él continuara pero no fue así.
- Billie… no puedo ayudarte si no me
cuentas…
Entonces él comenzó a narrar.
Él
se había juntado con Mike y Tré en la casa de este último, para tomar unas
bebidas, Addie lo sabía, pero no quiso ir a pesar de que estaba más que
invitada.
Lo
que pasó en casa del baterista fue lo de siempre: música, ensayo, risas y
alcohol. Simplemente decidieron relajarse, darse “unas palmaditas en la
espalda” y olvidar sus propios problemas… no quería malograr la tarde con sus
quejas.
-
Ya me voy – dijo el cantante después de bastante rato.
-
¿Y esa novedad? – preguntó el bajista con sorpresa. Billie jamás iba a su casa temprano,
a veces incluso se quedaba hasta el día siguiente.
- Addie
me espera – mintió. Ella estaba más bien con la idea de que llegaría tarde. Bastante
tarde.
Y sus
amigos sabían eso, mas no quisieron contradecirlo.
Entonces
Billie se fue, dejando a sus amigos con algunas dudas en mente. Al fin y al
cabo, lo más importante para él era reconciliarse con Addie… y saber de Becca.
Hacía
varias semanas que no sabía de ella. Se estaba comenzando a preocupar, pero no
se atrevía a llamarla… aun sentía las cosas estaban tensas.
Si
todo estuviese bien… ella te habría llamado, pensó el hombre con miedo. Miedo de
haber fregado todo. Pero luego recordaba el día de la mudanza… cuando, por lo
que el percibió, todo se había arreglado.
Se
sentía mal… vacío.
Sin
Addie…. sin Becca…
Pero
Adrienne sí estaba para él.
Sonrió
cansinamente.
Y con
esa sonrisa cansina, llegó a casa.
Una
vez dentro, se dirigió al estudio, sin saludar a nadie, sin querer hablar con
nadie. Sólo quería pensar… pensar en ella.
Su
subconsciente le tiró una cachetada. ¿Cómo se atrevía a siquiera sentirse mal
porque ella se fue? ¡Si ni siquiera era su hija de verdad!
Se
sentó en el pequeño mueble y se le escapó una lágrima.
¡¿Cómo
se atrevía siquiera?!
Solo
habían pasado algunos días y él ya la extrañaba, porque estaba obsesionado con
ella. Porque estaba obsesionado con su amor.
Con
el amor que ella inconscientemente le dio. Amor de amigos. Amor de padre-hijo. Amor
de más.
¿Por
qué la quieres? Se dijo así mismo. ¿Por qué sufres por ella? Ahora ni siquiera
sé si está bien o mal.
Suspiró
y decidió olvidarse de ella momentáneamente. Subir y ver a su esposa. Quizá
satisfacerla sin ganas… pero satisfacerla.
Subió
las escaleras lentamente y justo antes de girar el picaporte de la habitación
matrimonial se detuvo abruptamente.
Se
congeló en su sitio al escuchar un ruido característico. No… no podía ser. Sentía
que sus piernas temblaban… misma gelatina. Sentía que las lágrimas caían por
sus mejillas… mismo dolor. Y sentía que su corazón se detenía… misma muerte.
Entonces,
con la valentía del propio Mío Cid, puso su mano en el picaporte y lo giró
antes de que se diese cuenta de lo que estaba haciendo.
Y
fue ahí en que, como un baldazo de agua helada, estuvo enfrente de la realidad.
- Billie, no entiendo… explícate -. Exigió
la adolescente, a pesar de sí haber entendido, pero sin querer aceptarlo.
- Addie… ella…. – la miro con sus opacos
ojos verdes – estaba con alguien más.
Fue entonces que Becca abrió los ojos
desmesuradamente, mas él no lo notó ya que lloró nuevamente y susurró de forma
lenta:
- Me acaba de pedir el divorcio, Becca.
La adolescente no supo que hacer o decir,
solo dejo que llorara sobre su hombro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario