- ¡Hey Billie! – dijo una voz femenina sacudiéndolo levemente. – ¡Despierta! Estás tiritando.
El nombrado abrió los ojos despacio, sin ubicarse totalmente. Después de unos segundos logró reconocer a la mujer que le hablaba: Addie.
- ¿Qué haces aquí? – preguntó él con curiosidad y sin siquiera saber bien donde estaba, miró a su alrededor y reconoció el patio de su casa.
Una serie de recuerdos invadieron su mente: recordó el haber caído dormido bajo el árbol donde estaba en ese instante, el tomar su cigarrillo y fumarlo, ver el amanecer… y su conversación con Becca.
- Yo quería preguntarte lo mismo, Billie – musito ella levantando una ceja pero sin mostrarse enojada. - ¿Dormiste aquí?
- Al parecer sí. Vine a pensar… a ver si se me venía una idea a la mente. – mintió.
Ella lo miró buscando un vestigio de mentira en su mirada… que no encontró. Billie mentía muy bien.
- Iré a preparar algo para el desayuno. - susurró.
- De acuerdo.
Y ni bien la mujer lo dejó solo, tomó su cuaderno y escribió: 21st. Century Breakdown.
Desde que Rebeca había llegado a su casa hasta ese instante, no había dejado de pensar en Billie.
Probablemente él había llegado en el momento indicado, haciéndola olvidar sus problemas por unos momentos. Y luego se fue, dejándola con ellos otra vez.
Como era domingo, no había tenido clases, así que decidió aprovechar el tiempo para buscar un empleo.
Tomó sus llaves y su bolso de cachivaches que llevaba a todas partes, para luego salir de casa.
Caminó, caminó y siguió caminando, en busca de un trabajo decente. Entró a un lugar que parecía prometedor.
- Buenas tardes, vengo por el empleo. – saludó mirando a uno de los trabajadores que limpiaba una mesa.
Él le echó una mirada.
- No hay empleo disponible. – musitó él, con frialdad.
- Pero afuera hay un cartel que dice que… - se calló de repente al ver que el hombre seguía haciendo sus labores -. Eh, afuera dice que… - seguía sin siquiera mirarla - Olvídelo. Gracias por su amabilidad.- dijo irónicamente.
Se apresuró a la salida.
El lugar parecía prometedor.
Lo cual era triste… y devastador.
Sinceramente le estaba cansando la situación. Había ratos en los que ella tenía ganas de gritar y replicar por qué la rechazaban, pero luego se daba cuenta de que estaba vestida de modo muy simple.
No tenía “buena presencia”.
Después de mucho, mucho rato, decidió rendirse y probar suerte otro día. Así que regresó a casa, de muy mal humor; y se encontró con una enorme sorpresa.
Ella frunció el ceño.
Mierda pensó Me siento echa una mierda, mi vida es una mierda ¿Y se le ocurre apararecerse aquí? ¿Acaso viene a echarme en cara lo lindo que es auto?
- Descuida. No tengas miedo que no voy a dormir aquí. No quiero abusar de tu exquisita hospitalidad. – comentó el hombre citando una frase de El Guardián entre el centeno, al ver la expresión que puso la adolescente al verlo.
- Que gracioso Holden. – musitó ella con ironía. - ¿Qué haces aquí?
- Bueno, estaba pasando por aquí y dije… ¿porque no? – mintió.
¿Acaso no se me pudo ocurrir algo mejor? Se preguntó a sí mismo.
- Aja, linda historia. Ahora, la verdad, Billie. – musitó ella sin creerse la historia que le acababa de inventar, comenzando porque él no tendría que nada que hacer en esa parte de la cuidad.
Billie suspiró cansinamente.
- Está bien… me tenías preocupado – dijo él algo tímido, tras lo que dirigió su mirada a los ojos de la adolescente, dándole a conocer que decía la verdad -. Así que quise venir a ver cómo estabas.
- No era necesario. – musitó ella fríamente. – Estoy bien.
La miró extrañado.
- ¿Que pasó Becca? Porque sé que algo te pasó. – no estaba preguntándoselo, se lo estaba asegurando. – Puedo ayudarte; sólo tienes que decirme qué sucedió.
- ¿Y por qué habría de hacerlo? – inquirió la adolescente.
- Porque… yo, bueno; creo que… es decir… - se enredó con sus palabras. Suspiró nuevamente y masculló de forma muy rápida: -. Porque me preocupo por ti. Porque eres mi amiga.
Ella lo miró durante unos segundos, indecisa.
Lo traté suficientemente mal… y no desistió ni se fue. Quizás realmente se preocupa por mí… pensó Becca, en un momento de flaqueza.
- De acuerdo – dijo al fin. Billie esbozó una sonrisa.
Tomó sus llavees y abrió la puerta, invitándolo a pasar. Una vez dentro, se sentaron en el único mueble que había.
La casa era… decente.
- Becca… ¿qué pasó? – preguntó el sutilmente. Ella negó con la cabeza gacha.
- Estoy… estresada. Acabo de venir de buscar un empleo y no encontré nada. Nada, complemente nada. – sus ojos se humedecieron. Billie la miró tristemente, no sabía que decir.
La miró por unos segundos y supo que debía desviar la conversación antes que se pusiera a llorar; y no encontró mejor forma de hacerlo que diciendo:
- Hay que ir a ver una película. – Becca levantó la cabeza de golpe y lo miró extrañada, limpiándose un par de lágrimas rebeldes que se habían escapado de sus ojos. – ¿Qué?
- ¿Una película? – Billie asintió. Ella negó – Olvidas un pequeño detalle, uno pequeñísimo. – él la miró con una ceja levantada, incitándola a seguir. – No tengo dinero para la entrada, ni las palomitas…
El rió auténticamente, interrumpiéndola.
- Tonta, yo pago. – continuó riendo.
- N…
- Nada que no, vamos sí o sí. Mi auto está afuera. Vamos, ¿Hace cuánto que no ves una película? – Ella se quedó en silencio – ¿Lo ves? Además hace mucho que quiero ver una película decente.
- Billie, debes tener amigos con los que puedes ir a ver una película decente. Tienes una esposa con la que puedes ver una película decente. – dijo Rebeca sin estar completamente convencida. Al menos ya no sentía las enormes ganas de llorar y cortarse las venas con una galleta.
- ¿Crees que no quiero estar con mi esposa? – ella fijó la vista en sus zapatillas. Necesitaban una lavada -. Porque no es así – dijo él con sinceridad – y por “película decente” me refería a una que no sea de romántica.
Becca rió levemente. Su ánimo ya estaba mucho mejor.
- En ese caso, no creo que me haga daño ver una película. – aceptó la adolescente haciéndolo sonreír.
Ambos salieron de la casa y se dirigieron al auto de Billie en completo silencio. Se subieron y comenzaron su camino hasta el cine.
- ¿Puedo poner música? – Preguntó él, y agregó rápidamente antes que ella conteste: – Si quieres puedes escogerla tú, los discos están en la guantera.
Ella rió entre dientes.
- Billie, claro que puedes poner música. Me hablas como si fuera una amargada que odia cualquier sonido con ritmo. – el hombre rió.
- De acuerdo, Becca pero insisto, escoge tú.
Entonces la adolescente abrió la guantera y encontró entre numerosos papeles, que no leyó por considerarlos personales, una gran cantidad de discos.
- Deberías ordenar esto ¿sabes? – comentó. Billie Joe rió sin quitar su vista del camino.
Rebeca miró los discos, conocía muchos de ellos por lo que los descartó: de repente tenía ganas de escuchar algo nuevo. Entre los que quedaban, le costó escoger uno, finalmente puso uno llamado Kerplunk!, ya que le llamó bastante la atención la tapa.
Ni bien comenzó a sonar, Billie sintió un nudo en el estómago.
- ¿Conoces a esa banda? – preguntó él unos minutos después, intentado que su voz sonara desinteresada, ocultando el nerviosismo que sentía.
- Sí, los he escuchado; pero solo conozco unas cuantas canciones. Hace poco las pasaban mucho en la radio, se convirtieron en un éxito ¿no? – el hombre asintió con una sonrisa forzada-. Por eso me dio curiosidad este disco, pensé que sería como el otro. – el hombre le dedicó una mirada rápida. – Me equivoqué, este suena muchísimo mejor. – Billie sonrió, esta vez más auténticamente. – No sabía que te gustaban. – agregó Rebeca en voz baja.
- Hay muchas cosas que no sabes de mí – dijo él.
- ¿Cómo qué? – preguntó ella curiosa.
- Cosas tan simples como… mi color favorito.
Ella lo meditó un poco.
- ¿Negro? Ya sabes, por la ropa. – Billie rió, negando.
- Ni mi comida favorita. – agregó, y al ver la cara de intriga de la adolescente, prosiguió – Es la lasaña vegetariana.
- Hay cosas que tú tampoco sabes de mí – él la miró atentamente–. Como… mi cumpleaños.
El recordó todas las conversaciones que habían tenido. No, no lo sabía.
- ¿Cuándo es? – preguntó concentrando su vista en el camino.
- 24 de julio de todos los años – contestó –. ¿El tuyo?
- 17 de febrero – se quedaron en silencio -. ¿Cuál es tu banda favorita? – agregó Billie después de un rato.
- Esa es difícil… creo que sería Nirvana. ¿Tu libro favorito?
- El guardián entre el centeno. – ella asintió con una sonrisa. – ¿Placer culposo?
- El helado. – Billie rió. - ¿Qué? – el negó – ¿El tuyo?
- No puedo contestar eso. – dijo él, enrojeciéndose.
Becca miró hacia otro lado. Sintió algo de incomodidad, tras intentó con algo más.
- ¿Religión?
- Ninguna. – contestó despreocupadamente, sin quitar la vista del camino.
- ¿Eres ateo?
- Algo así.
- No entiendo. – dijo Becca sinceramente.
- Creo en el destino… ¿Cuenta?
- ¿No crees en Dios, pero crees en el destino? –inquirió ella sin responderle.
- Existe el libre albedrío. Además, ¿Por qué no podría creer en el destino? – Se defendió Billie-. Estoy seguro casi al cien por ciento que todo pasa por una razón.
- No es una mala hipótesis – dijo después de un rato –. ¿Sueño o pesadilla recurrente? – preguntó para cambiar de tema.
Billie lo pensó.
- No te rías ¿sí? – Ella asintió – Sueño que una pelota enorme viene e intenta aplastarme, por lo que tengo que correr por mi vida; es como en un videojuego. – la adolecente se rió y Billie le dedicó una mirada de falsa molestia - Y la pesadilla sería que algo les pasa a mis hijos.
- ¿Tienes hijos? – inquirió curiosa.
- Dos. – musitó con orgullo. – Y son mi adoración.
Ella sonrió tristemente, Billie se dio cuenta de eso y recordó que su familia no estaba con ella. Sintió una punzada de culpa por hacérselo recordar.
- ¿Qué quieres estudiar? Ya sabes, como carrera profesional. – cambió de tema.
- Fotografía – dijo sin dudarlo siquiera –. Aunque también me gustaría ser doctora, me gustaría salvar vidas – Billie sonrió –. No voy a preguntar qué quieres estudiar porque… bueno ya debes tener una carrera echa.
Billie negó con la cabeza.
- No terminé el colegio – soltó de la nada, haciendo que Becca lo mire sorprendida –. Por suerte, eso no perjudica para nada mi carrera.
- Billie… ¿a qué te dedicas? – preguntó. Había aquerido preguntárselo hacía ya un buen rato.
Él la miró con una sonrisa pícara.
- Adivina. – la retó.
Becca rió.
- Lo único que sé, es que no es un empleo convencional – dijo con sinceridad – Ya sabes, no usas ropa de trabajador de oficina. – rieron.
- Pues, tal vez tengas una idea… soy músico. – ella lo miró sin indicios de sorpresa en su cara, lo cual sorprendió a Billie.
- Eso explica lo que me dijiste fuera de tu casa ayer – comentó recordando: Realmente no me gusta que me estén siguiendo, ya sé que soy conocido y eso, le había dicho –. Y lo del delineador es completamente comprensible a partir de ahora, claro – agregó con risa.
Billie rió quitándose un peso de encima.
- ¿Solo eso? ¿No vas a decir otra cosa? No sé, quizás preguntarme sobre mi banda.
- Bueno… ¿qué clase de música haces? – preguntó sin saber qué otra cosa preguntarle.
- Punk rock – contestó simplemente.
- ¿Solo eso? ¿No vas a decirme otra cosa? – preguntó ella haciendo que Billie sonría. – Ya en serio, ¿cómo se llama tu banda? ¿Son conocidos?
- Sí, si somos conocidos. ¿Te suena Green Day? – ella lo miró completamente sorprendida, como si la sorpresa se hubiera acumulado todo ese rato, pasa saltar justo en ese instante.
Posó su vista en el CD que tenía en sus manos. “Green Day”, decía.
- No puedes ser tú el que canta en este instante. Eso – musitó señalando la radio en la que seguía sonando Kerplunk! – suena a un veinteañero demente. – Billie la miró con molestia fingida – un veinteañero demente que canta muy bien por cierto. – agregó sonriendo.
- Un veinteañero demente que también toca guitarra. – Continuó él con aires de grandeza. – Ya sé que hemos cambiado mucho pero compréndenos, eso fue en el 92’
Ella abrió mucho los ojos, sorprendida. Tenía un año cuando salió ese disco.
- Hablando de números, ¿Cuántos años tienes? – preguntó, mientras veía la contraportada del CD. Sí, decía el nombre de su acompañante: Billie Joe Armstrong.
- Ochenta y cinco.- Masculló.
- ¡Wow! ¡Qué bien te conservas! – Bramó Becca, simulando sorprenderse.
- No, treinta y cuatro.- corrigió Billie, riendo.
- Sigo pensando que te conservas muy bien – dijo honestamente –. A decir verdad, pareces de… - lo miró fijamente, intentando sacar un número. Nunca fue buena en eso –. No interesa. Te ves joven – agregó, haciendo que el hombre ría –, no es estás mintiendo ¿no?
- No estoy mintiendo. – le aseguró.
- En ese caso, ¿Cómo haces para no envejecer? – preguntó la menor con risa, a lo que el mayor se le unió.
- En realidad, estoy envejeciendo ahora, en este preciso instante. A menos que tenga un poder sobrenatural claro. – comentó con aire soñador. La menor rió.
- Ahora sí te creo, estás demente Armstrong.
Terminando esa conversación llegaron al cine.
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¡Hola a todos/as! Ayer ya no tuve tiempo de editar este capítulo, porque no me gustó como había quedado (y sigue sin gustarme) pero lo hice hoy... y acá esta (?
Gracias a los/as que estan leyendo esto, en serio:) Son geniales ♥
Sería genial que dejen un comentario y le den al botoncito que dice "me gustó" o "no me gustó" No me dejen escribiéndole al aire xd
Curiosidad del Cap: el sueño recurrente de BJ, es MI sueño recurrente. Lo sé, es extraño. Y sí, es como un videojuego.
En fin, lean, comenten y ¡Cuidence!
Un beso♥
Sería genial que dejen un comentario y le den al botoncito que dice "me gustó" o "no me gustó" No me dejen escribiéndole al aire xd
Curiosidad del Cap: el sueño recurrente de BJ, es MI sueño recurrente. Lo sé, es extraño. Y sí, es como un videojuego.
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Un beso♥
Qué buena onda!
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