En busca del vestido. Si quizás Becca hubiese recordado que no tenía dinero para comprar uno, hubiera rechazado la invitación de Alex. Lamentablemente, él la había mirado tan fijamente que le fue imposible decir que no.
Después de esa conversación, de la que salió teniendo una cita, se encaminó hacia el comedor nuevamente para encontrarse con sus amigas.
- Rebeca, ¿Dónde andabas? – preguntó Caroline. Ella era una chica de cabello rubio y tez pálida.
- Les dije que iba al baño – dijo Rebeca con obviedad.
- Sí, pero el baño está en dirección contraria a donde fuiste. – comentó otra de sus amigas, Grace.
- Bueno, estaba huyendo de la conversación sobre vestidos –. Confesó. Todas rieron.
- ¿Y por qué volviste? – Rose se metió en la conversación. – Aún no terminamos. – agregó haciendo reír nuevamente a sus amigas.
- Porque ahora tengo una cita -. Dijo algo avergonzada mientras sus amigas la miraban bastante sorprendidas.
- Les dije que el chico que la trajo la invitaría. – Rose se dirigió a las demás chicas con autosatisfacción. – No me tragué el cuento de “es sólo un amigo” – esta vez, a la que miró fue a Becca.
- Si estabas tan segura que él me invitaría, te equivocaste; él no me invitó. – dijo ella.
- Entonces… ¿quién fue? – preguntó Caroline.
- Alex -. Dijo con simpleza, desatando una lluvia de aplausos entre sus amigas.
Ese día Billie se lo paso muy tranquilo con su familia. Había estado jugando videojuegos con sus hijos ni bien llegaron de la escuela, hasta que Addie decidió que era demasiado tiempo frente a la pantalla del televisor. Fue algo que Joey reclamó mucho ya que era él quien estaba ganando y quería “hacer pedazos” a su hermano. Por parte de Billie, que estaba último, agradeció que Addie interrumpiera el juego para no ser ridiculizado. Otra vez.
Los cuatro cenaron y, como les esperaba un día atareado al día siguiente, se fueron a dormir.
Bueno, Joey y Jake hicieron eso; por su parte, Addie mantuvo ocupado a Billie.
A la mañana siguiente, Addie recibió la llamada de Mike.
- Bueno Addie, como decía, es urgente. – dijo Mike.
- No te preocupes, le daré tu mensaje. ¿A qué hora decías? – Addie estaba como siempre, tan cálida.
Pero Mike estaba nervioso, o más que eso quizás; comenzando porque había olvidado la hora en la que Billie necesitaba el “permiso”.
Recordó que Becca tenía quince, por lo que debía ir al colegio, entonces dijo lo más seguro que pudo:
- A las dos está bien, en mi casa. Si puede venir antes, mejor.
- De acuerdo. – Addie estaba a punto de cortar la comunicación.
- ¡Ah! Sería bueno que Billie me llame cuando salga de ahí, para... tener una idea de a qué hora estará por aquí. – agregó nervioso.
- Se lo haré saber Mike – dijo Addie –. Adiós.
Y colgaron.
Justamente, Billie acababa de entrar a la habitación tras escuchar la llamada de Mike.
Haciéndose el que no tenía idea, abrazó a su esposa por la espalda y le dio un pequeño beso en el cuello, ocasionándole un pequeño escalofrío.
- ¿Quién era? – le susurró al oído aun teniéndola abrazada.
- Mike. – dijo la mujer.
Billie esperó a que le dijese algo pero como no pasó, decidió alentarla.
-Y… ¿que decía?
- Que vayas a su casa hoy, como a las dos. – Le contó – aunque estaba un poco… raro. – agregó mirando a su esposo.
- ¿A sí? Seguramente está con la regla. – comentó haciendo reír a su esposa. – bueno, supongo que tengo un rato más acá.
- Creo que podemos usar ese tiempo útilmente. – dijo la mujer con mirada pícara.
- Estoy completamente a favor de eso. – comentó Billie abrazándola más estrechamente.
- Que bueno que lo estés, porque no quería limpiar la casa sola. – agregó Addie con risa, zafándose de su marido.
Ya por la tarde, Billie salió de casa para supuestamente dirigirse a la de Mike pero, en cambio, su rumbo fue hacia el supermercado. ¿Acaso no debía ir a la casa de Becca? Pues sí, pero antes, decidió hacer unas compras.
- Juro que muero de hambre -. Comentó Caroline a la nada.
- Lo que yo juro es que no entiendo cómo puedes comer tanto y aun andar tan flaca – dijo Becca –. Como sea, ya va a tocar la salida, podrás irte a casa y comerte un lindo sándwich.
Caroline le sonrió y se volvió hacia la pizarra, Becca notó que su pierna temblaba, haciendo notar su impaciencia.
Ambas gritaron de alegría en su interior al escuchar el sonido de la campana sonar.
-¡Al fin! – dijo la rubia irradiando alegría.
Ambas estaban ya saliendo de la escuela, no habían quedado encontrarse con Rose y las demás, así que cada una tomó un camino diferente hacia sus respectivas casas.
En medio camino hacia el paradero del autobús, un hombre de estatura media, cabello negro y lentes oscuros, se le acercó.
Becca sonrió al verlo, a pesar de no tener la menor idea de qué hacía él ahí.
- Pensé que sería amable venir a recogerte. – dijo el hombre ya en frente de la adolescente.
- Billie, ahora no sé cuándo o a qué hora o donde te aparecerás. Sinceramente estoy considerando tacharte de fantasma. – comentó Becca con gracia.
- Ja, que chistosa.- dijo Billie en cambio con falso enojo. – Ni modo, supongo que le tendrás miedo a los fantasmas… así que yo me tendré que ir. – se hizo de rogar.
- ¡Qué pena! – dijo ella mostrando fingida pena. – aunque igual estoy cerca de la parada de autobús.
Billie blanqueó los ojos.
- Ya, ven acá, mi auto lo aparqué al frente. – dijo él.
Fueron en completo silencio hacia el auto, Becca se subió en el copiloto y Billie, obviamente en el del conductor.
- ¿Sabes algo? En mi escuela piensan que tengo un novio. – dijo ella antes que Billie arranque.
- ¿A si? Bueno, es algo normal. A mí también me lo han hecho. – comentó el restándole importancia.
- Sí, pero no creo que lo hayan hecho con alguien que te dobla la edad.
- No entiendo.
- Que me fastidian… contigo. – un silencio se apoderó del ambiente. – Ellos creen que soy tu enamorada o algo así. Obviamente nadie sabe que eres tú. Seguramente pensaron que eras, ya sabes… adolescente. – agregó ella.
- Eso sí que es raro. – comentó Billie ya conduciendo. - ¿Qué les dijiste?
- Que sólo eres un amigo – otro silencio –. Porque lo eres ¿no?
- Claro Becca. – afirmó con seguridad.
La adolescente le sonrió.
- Bueno, la cosa es que no dije nada sobre ti a nadie…. sólo a una amiga.
- ¡¿Qué tu qué?! – Billie entró en desesperación. Quizás sea un tanto exagerado de su parte, pero los rumores se corrían rápido. ¿Qué tal si le había contado a su amiga que él era Billie Joe Armstrong, cantante de Green Day? ¿Qué tal si le había contado que se había quedado en su casa una noche? ¿Y qué tal si todos se enteraran de eso? Lo tacharían de pedófilo y nunca falta el que lo publica en internet y…
Billie negó con la cabeza tratando de espantar esos pensamientos, estaba exagerando demasiado.
- Yo… sólo le dije como eras… físicamente. – dijo ella con temor. Billie se relajó, lo cual relajó también a Becca.
- ¿Y cómo me describiste? – preguntó Billie ya más calmado.
- Mírate al espejo y sabrás.
Billie estalló en risa.
- Mala, mala eres – dijo él. Entonces el semáforo cambió a rojo, lo que Billie aprovechó para mirar fijamente a Becca –. Por favor dime.
La adolescente se perdió por dos segundos en sus ojos. Billie lo notó y se sonrió.
- Te describí como un hombre de tez clara, un poco más alto que yo, cabello negro y ojos verdes. – dijo queriéndole restar importancia a lo último.
Ojos verdes que me encantan, pensó Becca en su interior.
Sin embargo, a Billie le bastó con darse cuenta el efecto que producía el verla a los ojos, y condujo nuevamente al cambiar el semáforo.
- Becca… - comenzó Billie ya bastantes cuadras más allá. - ¿Dónde es tu casa?
La nombrada estalló en risa.
- ¿Te perdiste? – El hombre no dijo nada-. ¡Te perdiste!
- Corrección: nos perdimos. – dijo enfatizando el “nos”.
- No, porque desde aquí yo si se llegar a casa, tú no. – comentó Becca con aires de grandeza.
- A que no nos puedes llevar al centro comercial -. La retó Billie, estacionándose.
- No, no puedo. – dijo ella. Billie se sonrió con satisfacción. – porque no se conducir, pero puedo guiarte. – agregó riendo.
Billie la miró con fingida molestia por enésima vez en el día.
- Ya, ¿por dónde es?
Entonces Becca lo guió hasta su casa.
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