A la derecha de su mano
Ella es paranoica
Ella es la única en su clase
Ella es la última de las chicas americanas.
Ella hace lo suficiente para sobrevivir
Para unas vacaciones de la clase obrera.
Ella no cooperara
Ella es un desastre natural
Ella es la última de las chicas americanas.
LAST OF THE AMERICAN GIRLS – GREEN DAY.
- No, definitivamente no. No entraré ahí Billie, así me arrastres.
- Bueno, por las malas será. – dijo Billie con una sonrisa maliciosa, tomándola por las muñecas y arrastrándola dentro de aquella tienda de vestidos.
Por la evidente mayor fuerza de Billie, Becca terminó por entrar a esa tienda de brazos cruzados.
Ni bien llegaron a la casa de Becca, Billie había bajado varias bolsas que tenía en el asiento trasero del auto, bolsas de supermercado, las que contenían comida y demás. Él la obligó a tomar las bolsas sin requintar y Becca lo hizo agradeciéndole como si su vida dependiese de ello.
Eso ya hacía bastante rato.
En ese instante, Becca y Billie estaban sentados en el pequeño mueble de su… llamémosla, sala. La adolescente había optado por contarle acerca de la fiesta a la que había sido invitada. La primera reacción que él tuvo al escuchar eso fue algo así como un retorcijón en el estómago. Si bien no había podido encontrarle explicación, había podido evitar que Becca lo notara.
- De todas formas, no iré -. Dijo ella con un libro en la mano derecha.
“Las 20 más grandes conspiraciones de la historia”, decía el título.
- ¿Por qué no? – Preguntó Billie extrañado, desviando la vista del libro para dirigirla a sus ojos – Hasta donde sé, la mayoría de las chicas se mueren por que la inviten; a ti te invitan y no irás. Eres rara.
- No soy rara – dijo ella molesta –. No todas tenemos un vestido nuevo y hermoso para lucirlo en la fiesta. – comentó con ironía.
- ¿A no? – Se hizo el desentendido mientras ella lo miraba extrañada... – Pues, creo que es el momento en que tengas uno.
- ¿A qué te refieres? No creo que comiencen a llover vestidos de la nada. – volvió a ironizar.
- Es hora de salir de casa, otra vez. – musitó Billie confundiéndola aún más.
- ¿Tienes la menor idea de cuánto cuestan los vestidos aquí? – le preguntó Becca viendo que Billie tomaba unos vestidos al azar y se los pasaba a la adolescente.
- No -. Musitó llevándola hasta los vestidores.
- Pues te espantará – dijo ella ya dentro con unos cinco vestidos de diversos colores bajo el brazo.
- Eres una paranoica, no creo que sea tan malo. De todas formas, sólo estamos probando ¿no?
Becca cerró la puerta mirando con enojo a Billie, quien no se daba por aludido, y comenzó a desvestirse. Antes que se diese cuenta, ya tenía el primer vestido puesto, uno color fresa.
- Billie… - lo llamó sin siquiera abrir la puerta. El hizo un sonido indicándole que la escuchaba – tienes muy, muy malos gustos.
- Abre la puerta -. ordenó este.
Becca obedeció de mala gana. Billie la tomó de la mano y la obligó a dar una vuelta.
- Hey, no es tan malo. – trató de alentarla.
- Odio este color. – dijo ella. – Siento que un arcoíris vomitó en mí.
Billie se rio ante la ocurrencia. Debía admitirlo, estaba horrible el vestido… y el color.
- No cooperas, ¿lo sabes?
Ignorándolo, se metió de nuevo al vestidor, pero no para probar con otro vestido, sino para salir con todos los otros y desistir con la búsqueda.
Billie se quedó afuera mirándola mientras ella trataba tomar todos los vestidos a la vez, enredándose con la mayoría, viendo cómo tomaba unos y se le caían los otros.
El hombre se rió al verla en aquella situación, a lo que Becca volteó y lo fulminó con la mirada
- No me mires así, ya sé que soy peor que un desastre natural.
El mayor se rió nuevamente, sentándose en uno de los muebles afuera del vestidor, mientras ella dejaba de intentar hacer lo que quería y dejaba los vestidos regados por todo el suelo del vestidor. Al poco rato, salió y se sentó a al lado del hombre.
- Creo que esto no fue buena idea ¿sabes? – comentó ella rompiendo el silencio que se había formado.
- Prueba con otro de todas formas. – insistió él. Por alguna razón él quería comprarle el vestido.
- No es neces… - él le puso un dedo en los labios para callarla, que le causó un pequeño estremecimiento a ambos.
Billie la miró intensamente y ella se permitió perderse en el verde de sus ojos por unos segundos. Ambos sintieron algo así como una punzada en el estómago, algo que Becca no había experimentado antes en esa clase de situaciones. Si tenían suerte, nadie entraría a ver esa parte de los vestidores y los vería así, tan... sumidos. Y si eso llegaba a pasar, tendrían mucha más suerte si es que alguien no llegase a reconocer a Billie.
Gracias al cielo, Dios, el karma, buda o lo que existiese; la tienda estaba casi vacía y nadie se animó a asomarse por esa parte de los vestidores.
Pero… no tenían algo que ocultar tampoco. Solo se trataba de dos amigos que buscaban un vestido para una fiesta, que disfrutaban el tiempo con el otro…
De cualquier forma fue, más que incómodo, extraño para Becca el hecho de sentir esa punzada... que se asemejaba más a una punzada de culpa. ¿Acaso se sentía mal por algo? Ni que Billie engañara a su esposa con ella, ni que él se le haya insinuado alguna vez, ni que él la haya besado alguna vez…
En cambio, para Billie, fue extraño el simple hecho de poner un dedo en sus labios, ya que ni con Addie solía hacerlo. Fue extraño sentir su dedo en sus delgados labios rojos…
Negó con la cabeza tratando de olvidar esos pensamientos, al tiempo que Becca se dirigía al probador nuevamente para intentar con otro vestido y olvidarse de lo sucedido.
- ¿Qué tal te fue? – preguntó Addie ni bien su esposo atravesó la puerta.
- Bien – contestó. – aunque no quiso cooperar.
Addie lo miró sumamente extrañada, entonces las neuronas de Billie hicieron sinapsis: se suponía que andaba con Mike y Tré, no con Becca en su busca de un vestido.
- ¿A qué te refieres? O mejor dicho ¿A quién te refieres? – preguntó la mujer confusa.
- Este… a Mike se le ocurrió hacer otro disco conceptual – fue lo primero que se le vino a la mente.
¿Otro disco conceptual? Esto de buscar vestidos ha afectado bastante mi capacidad creativa, pensó él.
Sin embargo, Addie se lo creyó completamente y él lo comprobó al escucharla decir:
- No estaría mal que lo hicieran.
Billie se sonrió con desganes.
- Lo sé, pero el que escribe las letras en la banda soy yo… y no tengo nada en mente. Y me reúso a tocar una canción de alguien más. – replicó el hombre.
- No te preocupes demasiado, sé que te saldrá algo grandioso, créeme. – dijo ella abrazándolo.
- Gracias, Eighty.
Sin esperar más, él la soltó, con la excusa de ir a tomar un baño. Pero, en vez de eso, se dirigió hacia el sótano. Rebuscó entre uno de los cajones de la repisa y encontró uno de sus cuadernos, donde apuntaba sus ideas.
Fue hasta la última página escrita y vio lo que ya había escrito:
21st. Century Breakdown
Entonces, sin dudarlo mucho, escribió al lado en letras grandes:
DISCO CONCEPTUAL.
Pasó a la siguiente página y miró la hoja por unos largos minutos, esperando a que algo se le viniese a la mente, pero no obtenía resultado.
Pudo haber pasado mucho tiempo mirado esa hoja, como si fuese a hablarle en cualquier momento o llegara a escribirse sola.
Desistió.
Fue a tomar un baño, al menos para que Addie no sospechara.
¿Sospechar de qué? No había nada que Billie tenga que ocultar… nada malo al menos.
Se desvistió y se metió a la ducha. Una vez ahí, se permitió pensar. ¿Qué tanto ayudaría a Becca? ¿Qué tanto ella le permitiría ayudarle? ¿Qué tanto tendría que ocultarle a Adrienne? ¿Qué tanto podría él mismo aguantar sin dejar de componer algo?
No, eso último, a comparación de lo demás, lo tenía sin cuidado realmente.
Después de un buen rato buscando respuestas, que no llegó a encontrar, salió de la ducha y se tiró en su cama con una toalla envuelta en la cintura. Tomó una hoja y un lápiz que había sobre el velador, por si se le ocurría algo.
Las horas pasaron y el seguía tendido en la cama sin poder escribir nada.
Todo lo que se le venía a la mente, que le podría ayudar a escribir una canción, tenía relación con Becca. Ella era tan… única en su clase, tan perfecta.
Negó con la cabeza, no era perfecta. Addie era perfecta.
Becca era… especial.
Tomó otra vez la hoja en sus manos y escribió: ELLA ES LA ÚNICA EN SU CLASE, ELLA ES LA ÚLTIMA DE LAS CHICAS AMERICANAS.
Y es así como se le vino una idea a la mente, una idea que plasmó en el papel que estaba entre sus dedos, una idea que se convirtió de la noche a la mañana en: Last of the American Girls.
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