- Billie… ¿quieres decirme que hacemos en tu casa? – preguntó Becca ni bien él se estacionó afuera de su propio hogar.
- Bueno, creo que te podría interesar.
- ¿Interesar qué? – ella estaba bastante confundida.
Billie buscó la forma de que ella misma se diese cuenta.
- Quiero que vayas hasta mi puerta y veas al anuncio que hay ahí. – Billie Joe señaló una hoja que había en la fachada.
Extrañada, Becca bajó del auto y se dirigió hacia donde su amigo le había señalado, para luego leer lo que decía el anuncio. Sin atreverse a hacer otra cosa, regresó al auto.
- Así que necesitas una empleada… - comentó subiéndose nuevamente, mientras el asentía.
- Pensé que… ya sabes, como no querrías recibir mi dinero así como así, quizás quieras ganártelo por ti misma. – dijo él algo tímido, no quería que ella lo tomara a mal, por lo que luego agregó: – no creas que no necesito una empleada, en serio necesito una.
- De acuerdo… ¿Qué debo hacer? – inquirió.
- ¿Para obtener el trabajo? – La morocha asintió – Que convenzas a mi esposa, lo cual no tiene nada dificultoso. Puedo entrar contigo incluso y decir que te encontré afuera leyendo el anuncio, conversamos un rato y quisiste pasar la entrevista…
- ¿Entrevista? – interrumpió Becca casi horrorizada -. ¿Entrevista? – repitió mientras Billie asentía.
- Ajá – afirmó pero al ver su cara de espanto, agregó: – aunque no es tanto así, solo serán unas cuantas preguntas.
- ¿Es muy necesario?
- ¿Pretendes que contrate a alguien que no conozca? – el hombre contestó con otra pregunta.
- ¿No puedes decirle a tu esposa que ya me conoces? – pidió Becca. Odiaba las entrevistas de trabajo, pese a haber pasado por muchas de ellas.
Él negó con la cabeza.
- Muy complicado – dijo –. Además, ya sé que no eres una fan ni nada de eso, pero tenemos que asegurarnos de que la persona que contratemos no lo sea. Ya ha pasado que necesitábamos a alguien y al día siguiente había una cola inmensa esperando por la entrevista.
- Eran fans. – comentó.
- Sí. Aparte, tarde o temprano Addie querrá saber cosas de ti y no podrás evitar las preguntas, Becca. – explicó Billie, haciendo que ella entienda el punto.
- Billie… odio esas entrevistas – se sinceró –. Me pongo muy, muy nerviosa, se me forma un nudo en el estómago y me dan ganas de vomitar. Es horrible.
Billie la miró casi flaqueando. ¿Si le decía a Addie que ya la conocía? ¿Si decía que era completamente confiable? Se imaginó la situación. No, muchas explicaciones, sería muy complicado.
- ¿Tan malo es? – cuestionó él, posando sus brillantes ojos en los de ella.
- Para mí, sí. – miró sus manos.
Se quedaron en silencio. Becca se permitió pensar. La deuda que tenía invadió su mente y recordó lo desesperada que estaba por un empleo. Pronto llegarían a cobrarle y… no, no podía darse el lujo de no pasar una entrevista sólo por miedo.
- Creo que lo intentaré. – soltó y Billie esbozó una sonrisa. – Pero si llego a vomitar, será tu culpa. – agregó.
Sin esperar una respuesta de parte de Billie, la adolescente salió del auto y caminó hacia la fachada, mientras se arreglaba sus ropas y el cabello. El hombre bajó también y caminó detrás de ella.
- ¿Lista? – preguntó él ni bien se pararon en la puerta.
Ella solo asintió.
Billie la miró fijamente y sacó su llave del bolsillo. La metió dentro la cerradura y la giró.
Miró nuevamente a Becca y la vio sumamente nerviosa.
- No te preocupes, Addie no va a comerte. – la adolescente intentó calmarse inhalando un par de bocanadas de aire y entró a la casa, quedando completamente fascinada. La casa era demasiado hermosa. Todo era tan… perfecto. – Quédate aquí, voy por Adrienne – dijo señalando uno de los sofás. – y evita vomitar – le sonrió –. El baño esta por allá. – señaló esta vez un pasillo.
Becca se sentó donde le había señalado Billie, mientras él subía por las escaleras, pero se sentía sumamente nerviosa, a tal punto que no podía quedarse sentada ni un segundo más.
Se paró y observó la casa. Las paredes eran de color bastante claro, y los muebles de madera. Los sofás eran de cuero marrón y había una televisión de plasma bastante grande en la pared. Muy sofisticado.
Caminó por el pasillo que le había señalado Billie antes de ir al segundo piso, con intención de ir al baño, pero se encontró con varias puertas.
Insegura, abrió la primera puerta, donde había una escalera hacia el sótano. Definitivamente no era esa, así que la volvió a cerrar.
Caminó hacia la otra puerta y puso su mano de la manija pero, antes de poder girarla, escuchó unas voces.
- ¡Jake! ¿Acaso no sabes que por ahí sale el monstruo? ¡No puede ser que nunca lo recuerdes! ¿Quieres que perdamos otra vez? – regañó una voz. Becca podía apostar que se trataba de un niño.
- ¡Cállate Joey! ¡Te crees el muy inteligente porque pudiste pasar este nivel a la primera! ¿Acaso lo eres? No lo creo. – reclamó una voz más chillona completamente enojada. Debía ser de un niño aún más pequeño.
Se quedaron en silencio.
Deben ser los hijos de Billie, pensó.
Escuchó unos pasos cada vez más fuerte, que provenían desde aquella habitación. Alguien debía estar a punto de salir, pero las piernas de Becca no parecían querer responderle.
La puerta se abrió y salió de ahí un niño de unos doce años que miró extrañado a la adolescente.
- Eh… ¿hola? – le dijo, confundido.
- Hola. Soy Rebeca. Vine por el empleo. – se presentó.
- Ah. – el niño pareció entenderlo todo. – La sala esta por allá – comentó sin saber bien qué decir.
- Lo sé. Tu padre me llevó hasta ahí – el menor frunció el ceño. Becca cayó en cuenta: se suponía que no sabía quiénes eran, por lo que agregó un tanto nerviosa: -. Creo que es tu padre, vi unas fotografías en la sala. Son una familia muy linda. – mintió por lo de las fotografías, aunque si creía que eran una bonita familia.
Él sonrió.
- Bueno… si sabes dónde está la sala, ¿Qué haces por aquí?
- Quería ir al baño. Bi… tu papá me dijo que estaba por aquí, pero he de admitir que hay muchas puertas. – Ambos rieron levemente.
- Es aquella. – le dijo señalándole la del lado.
- Gracias. – musitó dirigiéndose a la puerta que le había señalado, entrando y cerrándola tras sí; ignorando la conversación que tenían dos hermanos afuera.
- Addie, aquí estabas. – dijo Billie apoyándose en el umbral de la puerta, viendo a su esposa limpiar la habitación de uno de sus hijos.
- Sí, aquí estoy – se acercó a besarlo –. Estaba haciendo un poco de limpieza. ¿Pasó algo? Pensé que estabas en lo de Mike o en el estudio.
- Estaba – mintió. La verdad era que había estado dando vueltas por la ciudad antes de decidir ir a la casa de Becca.
- Ah. ¿No tienes que volver al estudio? – Billie negó –. Qué bueno – Addie lo acercó a él tomándolo por la camisa –, porque necesito un poco de distracción. – agregó pícaramente haciendo sonreír a Billie.
Él la besó tiernamente durante unos segundos y se separó despacio. Adrienne se extrañó, Billie lo notó.
- Al llegar aquí me encontré con alguien… que quiere el empleo.
Adrienne lo miró sorprendida.
- ¿Tan rápido? – inquirió con felicidad, olvidándose de lo sucedido hacía unos segundos.
- Y no es una fan. – afirmó, la mujer esbozó una sonrisa. – Está abajo.
La mujer asintió y salió de la habitación, para luego bajar las escaleras.
Becca se miró al espejo, estaba algo pálida. Se echó un poco de agua en la frente y en la nuca para intentar relajarse, se apoyó en la pared y ahí se permitió pensar un poco.
A decir verdad, todo había pasado muy rápido, es decir, de la nada había conocido a Billie por un simple giro del destino y su vida había cambiado: ahora tenía un amigo, un amigo especial.
Sin darse cuenta, le había tomado un enorme cariño a Billie Joe en muy poco tiempo. ¿Él también a ella? Al parecer sí, ya que le estaba ofreciendo trabajo en su casa. Estaba poniendo las manos al fuego por ella.
Eso era… ¿bueno o malo? Lo pensó por unos segundos. Era bueno porque obtendría dinero suficiente para pagar la deuda, tendría un hogar, algo así como una familia; pero malo porque…
No le encontraba nada malo.
Esbozó una sonrisa.
Salió del baño y se dirigió nuevamente a la sala, sin encontrarse con los niños nuevamente y se sentó en el mueble a esperar.
Después de unos segundos, sintió el sonido de alguien bajando las escaleras, en realidad, parecían dos personas bajándola, por lo que se paró. Inmediatamente, apareció una mujer con cabello ondulado y oscuro, no muy delgada y más baja que ella, seguida por Billie Joe. Debía admitir que ella era muy linda.
- Buenas tardes… – saludó Becca estrechando la mano que la mujer le ofrecía.
- …Adrienne. – completó. Becca hizo como si no supiera su nombre.
Billie estaba atrás mirando la escena, cruzando los dedos tras su espalda. Realmente quería que Addie le diese el empleo a Becca, aunque no entendía por qué. Una parte de él sentía la necesidad incontrolable de ayudarla, de protegerla.
- Rebeca. – le sonrió tímidamente. – vengo por el empleo. – agregó.
- Lo sé. – le sonrió. A Becca le pareció ser una muy buena persona.- ¿Cuántos años tienes? Pareces muy joven.
Becca rió levemente.
- Tengo quince. – Adrienne miró a Billie, insegura. – cumplo dieciséis dentro de dos meses. – agregó al ver su expresión en la cara de Adrienne.
- Por mí está bien – dijo Billie. Sino no la hubiese traído, pensó y luego decidió desviar la conversación – Cuando estábamos afuera, me contó que es peruana.
- Peruana. – repitió la mujer pensativa. – Eso es… Sudamérica ¿no? - la menor asintió – y… ¿desde cuando estás aquí?
- Unos tres años. No soy ilegal, no se preocupe. – Addie se rió.
- Realmente no se me cruzó eso por la cabeza.
- Uno nunca sabe. – dijo Becca riendo.
- Dicen que la comida peruana es muy buena. – comentó Billie.
- Sí, es verdad y sé cocinar. – Addie miró a Billie y éste, esbozó una sonrisa de victoria. Conociendo a su esposa, contrataría a Becca.
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