25 de septiembre de 2012

Anywhere - Chapter 8: Problems

Tú no quieres encontrarme trabajando de nueve a cinco
Tienes tu cerebro deshidratado
Creíste que habías resuelto todos tus problemas
Pero tú estás en problemas
Oh, qué vas a hacer con tu problema
Tú tienes un problema
Oh, qué vas a hacer con tu problema
Problemas, qué vas a hacer… problemas….
Problemas… 
PROBLEMS – SEX PISTOLS 



Becca entró a su casa con una bolsa en la mano, Billie le había comprado el bendito vestido a pesar que ella se negó muchísimas veces. 
Una parte de ella, estaba sumamente feliz de que él se ofreciera a hacerlo ya que, de ser de otro modo, habría tenido que decirle a Alex que ya no iría con él a la fiesta, cosa que sinceramente no quería hacer. Pero otra parte, que era mucho más grande que la otra, se sentía una enorme incomodidad: no quería depender de Billie, a pesar de saber que el hombre lo hacía de buenas intenciones. 
Bostezó. 
El reloj marcaba las 9:50 pm, increíblemente había pasado todo el día con él. Así que tomo un baño y se fue a dormir. 



- Rebeca – la llamó Caroline ni bien ella cruzó a puerta del salón. - ¿En serio no andas con él
- ¿Con quién él? – contestó ella con otra pregunta, no lograba entender lo que su amiga quería decirle. 
- Con… el chico, el de auto lindo. 
- ¡Ah!, Bi… – se calló antes de soltar el nombre. 
- Bi ¿qué? – dijo ella sonriente mientras Becca negaba -. ¿No vas a decirme? – negó otra vez. - ¿Acaso es un agente de la CIA? – volvió a negar. – ¿Es narco? – Becca se rió al imaginarse a Billie como narco. Su amiga la miró en busca de una respuesta, a lo que ella negó - ¿Es un famoso? – Becca sintió como se le formaba un nudo en el estómago, no era buena mentirosa. Se comenzó a reír tratando de ocultar su nerviosismo y a su suerte, Caroline tomó esa risa como un no. – Entonces no encuentro porque no decirme. 
- Simplemente no puedo. – se excusó Becca. 
- Pero puedes decirme si andas con él. 
Rebeca blanqueó los ojos. 
- No ando con él. – dijo ella – Es-solo-un-amigo. – agregó diciendo cada palabra lentamente. 
- ¿Y te vendrá a recoger hoy también? 
Entonces Becca entendió todo. 
- ¿Me has hecho este interrogatorio porque me viste ayer con él? – su amiga no dijo nada –. Estás loca. 
- No, no. Lo que pasa es que olvidé decirte que le digas a Rose que Mark iba a invitar a Melissa al baile, entonces fui a buscarte al paradero del autobús pero te vi subiendo a un auto y al lado había alguien de negro, con lentes negros y supe que era él. Me quedé para ver si se besaban o algo pero no pasó -. Becca le dio un pequeño golpe en el brazo a Caroline. 
Caroline hizo una mueca de dolor. 
- ¿Y eso por qué? – se quejó la rubia. 
- Para que te metas en la cabeza que no ando con él. 


Billie entró en la cocina recién duchado, encontrándose con Adrienne preparando el desayuno. 
- Buenos días amor. – susurró él abrazándola por la espalda. 
- Buenos días. – contestó ella soltándose despacio. 
- ¿Qué haces? – preguntó el extrañado por su actitud. 
- El desayuno. – dijo otra vez cortante. 
- De acuerdo… ¿Sucede algo? – preguntó él. - ¿Hice algo malo? – Billie revisó mentalmente todo lo que había hecho en los últimos días, lo de dormir en la casa de Becca ya estaba en el pasado. Recordó la fecha: 31 de mayo. No, no había nada importante ese día. 
Addie negó con la cabeza. 
- No Billie, no hiciste nada. – no mentía. 
- ¿Entonces, Addie? 
- Yo… no lo sé. – vaciló por unos segundos y luego suspiró. Billie la miraba impaciente. – Estoy estresada – dijo al fin. 
Billie la miró extrañado. ¿Estresada? 
Entonces recordó: Atendía los niños, lo atendía a él, trabajaba en Adeline Street, cocinaba, limpiaba, iba a llevar y recoger a los niños a la escuela, los ayudaba con las tareas… 
Y todo a diario. 
Billie la abrazó y ella apoyó su cabeza en el hombro de su esposo, olvidando todo a su alrededor. Él quiso ofrecerse a ayudarla, pero sabía que su trabajo no se lo permitía. ¿Qué haría cuando tuviese que irse de gira? Adrienne se estresaría aún más. Pensó una solución y ni bien se le ocurrió algo, susurró en el oído de su esposa: 
- Hay que contratar a alguien – Adrienne lo miró confusa –. Ya sabes, para que te ayude con las labores de la casa – la mujer abrió la boca para intentar protestar –. Ya sé que nunca te gustó la idea, porque no es la primera vez que te lo digo pero, ¿no crees que sea necesario? Estas haciendo muchas cosas a la vez. 
Adrienne lo pensó un poco. 
- No lo sé, no estoy segura de querer dejar entrar a cualquiera. 
- No tiene que ser cualquiera. 
- ¿Así? ¿Y a quién propones? 
Billie lo pensó un poco. Varias caras comenzaron a pasar por su mente en ese instante, ninguna que lo convenciese. 
Entonces un rostro de tez canela se cruzó en su pensamiento. No era mala idea. 
- Podemos poner un anuncio afuera y ya sabes, hablar con la gente que se acerque. – musitó Billie. La mujer asintió. – y nada de fans, claro está. 
Adrienne sonrió y besó a su esposo, ya de mejor humor. 


- Y… ¿de qué color es tu vestido? Ya sabes, para comprar la flor. 
Becca sonrió. 
- Alex, no es necesario. – él negó y la miró exigiendo la respuesta -. De acuerdo, es verde jade. ¿Feliz? 
- Ajá, apuesto a que ese color te queda hermoso. - Dijo él mirándola fijamente. 
Becca no pudo evitar sonrojase y antes que pudiese decir algo, Rose llegó tomada de la mano con John, su novio desde hacía seis meses. 
- Siento interrumpir par de tórtolos, pero Rebeca tiene que venir conmigo por un segundo -. Dijo ella soltando a su acompañante y apartándose un poco del lugar, haciendo que la nombrada la siga. 
- ¿Qué pasó? – preguntó Becca, no entendía por qué la había llamado de esa forma. 
- Caroline, eso es lo que pasa. – Becca seguía sin entender. 
- ¿Qué pasó? – repitió. 
- Bueno yo… estaba entrando en el baño y entonces, escuché arcadas y me acerqué a ver si estaba bien… y vi que era Caroline. 
Becca abrió los ojos desmesuradamente. ¿Qué tendría Caroline? ¿Andaba enferma? 
- No sé qué tenga, estoy preocupada. Pensé que quizás quieras ir a verla. – agregó rápidamente. 
- Y… ¿dónde anda ahora? – preguntó con preocupación. 
- En la enfermería, debes acompañarme hacia allá. 
La morocha asintió y siguió a la pelirroja para ver a una de sus mejores amigas. 
Una vez allí, ambas corrieron hacia donde estaba su amiga recostada en una de las camillas. Estaba más pálida de lo usual. 
- ¿Cómo te sientes? – preguntó Becca. Por dentro se sintió idiota, era obvio que se sentía mal, cosa que su amiga confirmó ni bien abrió la boca. 
- Mal. Mi cabeza va a explotar. – dijo ella susurrando. 
- No se preocupen, sólo tiene fiebre. – intervino la enfermera. - Quizás le hizo daño algo que comió. Pero no importa, ya le di una pastilla, dentro de unos veinte minutos se sentirá bien. – aseguró. 
Y así fue, la enfermera sí que sabía lo que hacía. 
- Nunca más déjenme comer tacos ¿quieren? Por favor. – rogó Caroline ya sintiéndose mejor, haciendo reír a todas, incluida la enfermera. 
- No creo que puedas, pero haremos lo posible. 
Todas rieron nuevamente. 


Ya por la tarde, Billie salió de casa hacia la de Becca, quería dale una pequeña sorpresa. 
Cuando llegó a su destino, la adolescente aún no había llegado así que se sentó en la puerta y esperó.
Después de unos cuantos minutos, se estacionó una moto lineal al lado de su auto y un hombre, vestido de negro, bajó de ahí, para luego dirigirse a Billie Joe. 
- Buenas tardes, ¿Vive aquí Viviana Gonzales? 
¿Viviana Gonzales? Nunca antes había escuchado ese nombre. A decir verdad, parecía conocerlo, pero no sabía de dónde. Su mente pensó rápidamente, rebuscando entre su memoria, tras lo que recordó: 
- Bueno, después de todo, mi tía Viviana se encargó de mí y hace unos años nos terminamos por mudar aquí, tú sabes, en busca del sueño americano. 
Becca le había dicho que su tía se llamaba Viviana, así que podía ser su tía… pero no era su apellido… aunque ni siquiera lo sabía, nunca se lo había preguntado. No sabía el de Becca ni el de su tía. 
Aunque era muy posible que fuese la tía Becca, la Becca que él conocía… además ¿Cuántas posibilidades había de que hubiese dos personas llamadas “Viviana” en la misma calle, ambas con apellido latino y que justamente la tía de Becca se llame así? 
Billie decidió asentir. El hombre rebuscó dentro del bolso que tenía, tras lo que saco un sobre que tendió hacia Billie. Este lo aceptó mientras el hombre le acercaba un papel para que firme en él. Sin más, se subió nuevamente en la moto para irse en ella. 
- Bien, seguramente es para Becca. Bueno, su tía, pero ella no está aquí; así que es para Becca. – susurró para sí mientras sus ojos verdes recorrían el sobre varias veces. ¿Qué contendría? La curiosidad lo estaba matando, lo carcomía por dentro, tenía que saber que había ahí… pero no podía abrir el sobre. 
Trató de visualizar lo que había dentro del sobre poniéndolo hacia el sol. 
No funcionó. 
Miró el sobre por unos minutos más y mientras más lo veía, tenía Billie más ganas de ver el contenido.
- A la mierda. – se rindió. 
Quizás no le moleste a Becca que el sobre este abierto cuando ella llegue, pensó. 
Y, sin pensarlo dos veces, abrió el sobre y desenrolló la hoja que había dentro. 
Se quedó en shock al ver el contenido. 
DEUDA TOTAL: 2500 DÓLARES AMERICANOS, decía el papel. EL PLAZO PARA PAGAR AL MENOS EL 70% DEL TOTAL, SE CUMPLE EL LUNES 4 DE JUNIO DEL 2007. 
Billie quiso saber cuánto significaba tal porcentaje. Maldijo. Nunca fue bueno en matemáticas, por lo que usó la calculadora de su celular. 
- 1750 – susurró nuevamente para sí, tras lo que siguió leyendo el papel. 
SI NO SE LLEGASE A PAGAR LA CANTIDAD ESTIMADA ANTES DE QUE SE CUMPLA LA FECHA, TENDRÁ QUE DESALOJAR LA CASA. 
Billie comprendió: era la deuda de la renta de la casa. De la imitación de casa que tenía. Su mente trabajó a toda velocidad, intentando encontrar una solución para todo esto, pero no se le ocurría nada. 
Él podría pagarle la cuenta, pero ella no lo dejaría hacerlo, era obstinada, terca. No dejaría que Billie gaste un centavo más en ella. 
Volvió su vista a la hoja, esta vez, miró la parte baja. Ahí había unas cuantas direcciones donde podría acercase a cancelar la cuenta y un número bancario. 
¿Y si pagaba la cuenta en el banco? Becca no tendría que enterarse. Aunque eso iba a ser difícil, seguramente ella ya sabía que debía dinero. 
Mierda. 
De todas formas y sólo porsiacaso, apuntó el número de cuenta en su celular. 
A los pocos minutos, llegó la adolescente de la escuela. Billie la miró acercarse esbozando una sonrisa, haciendo que ella también lo haga. 
- Holden, ¿qué haces por estos lares? – saludó ella de excelente humor. 
Billie rió. 
- Vine a visitar a una amiga mía, venía a invitarla a comer algo. Aunque no sé si quiera. 
- Creo que ella aceptaría. – le siguió el juego. 
- Eso sería genial, porque tu vecina es muy linda. – dijo el en cambio. Becca le dio un pequeño golpe en el brazo. – ¡Hey! ¿Así tratas a tus amigos? 
- No, pero a los amigos de mi vecina sí. – dijo la adolescente. 
Billie rió. 
- Entonces… ¿Vienes? – preguntó el hombre haciéndole la seña para que lo siga. Ella asintió y se subieron al auto. 
Billie dejó al lado la hoja que le debía dar a Becca y comenzó a conducir hacia un restaurante al que había querido ir desde hacía bastante tiempo, pero no había tenido la oportunidad. 
Becca puso un disco y comenzó a tararear la canción que sonaba, bajó la ventana del auto y dejó que el viento le revolviera el cabello, sin importarle si se enredaba o no. 
El viaje estaba bastante tranquilo pero, de la nada, un lujoso auto apareció a toda velocidad en sentido contrario, haciendo que Billie pise el freno frenéticamente y gire el timón para esquivar al auto. Ambos se balancearon hacia adelante, pero fueron retenidos por el cinturón de seguridad; sin embargo, la hoja que había sobre la capota cayó al suelo del auto. 
Billie estacionó el auto a un lado de la calle, a pesar que el otro auto ya había girado por una esquina. 
- Eso fue feo – dijo él, recuperando el aliento. – Es un idiota el que conducía. 
Becca lo miró y asintió, dándole la razón, pero luego desvió la vista hacia un papel de yacía en el suelo del auto. Se desabrochó el cinturón de seguridad y lo tomó. 
- Ah, cierto. Eso llegó a tu casa hoy. – dijo el hombre ya más calmado. – me lo dieron mientras esperaba a que llegases. 
Becca comenzó a leer el papel y se le humedecieron los ojos. 
- Debo irme. – susurró. Y luego intentó abrir la puerta del auto. 
- No, no. No te vayas -. Dijo él poniéndole seguro. 
Becca negó con la cabeza. 
- Lo leíste ¿cierto? – repuso la adolescente con lágrimas en los ojos. Ya se habían olvidado del casi-choque de hacía unos minutos. 
El hombre asintió levemente sin animarse a mirarla. 
- No vas a dejarme ayudarte ¿cierto? – el hombre inquirió pese a saber la respuesta. 
Ella negó y comenzaron a caer las lágrimas de sus ojos. Rápidamente, Billie la abrazó e intentó consolarla. 
- Vamos, no llores. Nada se arregla llorando. – susurró él en su oído. 
- Me es inevitable. Juro que tengo el cerebro deshidratado de tanto pensar de una solución. ¡Y yo que creí que ya había resuelto todos mis problemas! Pero no, estoy en problemas. – susurró con dificultad. 
- Ya basta, no llores ¿sí? Las chicas lindas no lloran. – dijo él quitándole las lágrimas con el dorso de la mano. 
- No digas eso, no tengo cinco. 
Ignoró lo que dijo, había recordado un pequeño detalle. 
- Se me acaba de ocurrir una linda idea. – le sonrió y ella lo miró confundida. 
- Espero que sea una buena -. Dijo ella secándose las lágrimas. 
Sin contestarle, Billie comenzó a conducir nuevamente.

2 comentarios:

  1. Genial tu novela! Está buenísima! Mereces un aplauso, ya me pude poner al día con los caps :)

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