- ¡Feliz cumpleaños! – exclamaron Mike y
Tré al unísono ni bien vieron quién les abrió la puerta.
Becca esbozó una enorme sonrisa.
- ¡Gracias! Pasen.
- Wow. Ya los deja pasar como si fuese
su casa… - bromeó Billie, pero, al ver que la sonrisa de la cumpleañera se
evaporaba, se retractó – Hey, Becca. Era sólo una broma.
Mike abrazó a Becca y le susurró al
oído:
- ¡Feliz Cumpleaños, chata! Espero que
le guste – le revolvió el cabello y le extendió una caja con un moño celeste.
- No era necesario, Mike – el mencionado
negó con la cabeza -. Gracias. Y sé que me gustará, confío en tu buen gusto.
Fue el turno de Tré.
- Bueno… yo no tengo razones para
decirte chata – dijo, ya que eran casi del mismo tamaño -. Pero sí puedo
desearte ¡Felices dieciséis! – Le dio una pequeña caja – Espero que no sea muy
ostentoso.
Becca rió.
- Gracias, Tré. Pero no creo que le gane
al regalo de Billie Joe.
Ambos se lanzaron miradas cómplices.
- ¿Qué le diste? – Tré se dirigió a su
amigo.
- Un auto.
- Wow. Cuando no tú dando grandes
regalos. ¡Y que, qué bueno que mi cumpleaños viene pronto! Porsiacaso es el 9.
- De diciembre, Tré – aclaró Mike
poniendo los ojos en blanco. Los demás presentes sólo atinaron a negar con la
cabeza.
- ¿Qué? – Prosiguió el baterista – Sólo
por si les olvida. Billie, me encantaría un buen perfume.
Después de que todos se rieran de Tré,
que por supuesto estaba bromeando, pasaron a la sala y se sentaron en los
muebles. Mike junto a Tré y Billie junto a Rebeca. Addie estaba de compras, y
había obligado a los chicos a acompañarla.
-
Y bien… ¿qué planes?
- Nada, Mike. Esta enana no quiere nada
– Billie le revolvió el cabello a Becca al contestar.
- ¡Nada! Son tus dieciséis, ¿estás
segura de que no quieres nada?
-
Sólo es un cumpleaños, como cualquier otro. Jamás hago nada por mi cumpleaños.
- ¿Nada de nada? – preguntó Tré.
- Bueno… salíamos a comer.
- ¿Nada más?
- No. – contestó Becca con simpleza.
¿Qué de raro tenía eso?
- Bien… - dijo Billie levantándose de
golpe y cansado de la situación -. Alista un bolso con cosas – se dirigió a
Becca. Esta lo miró confusa y sorprendida.
Se quedó mirándolo por unos segundos,
esperando a que se retractase. Pero no ocurrió.
- ¿Qué… qué clase de cosas?
- No sé, lo necesario. Una muda de ropa
y cosas personales.
Becca lo miró, esta vez sólo confusa.
- ¿Qué pretendes, Billie? – preguntó,
leyendo a la vez los pensamientos de Mike y Tré, que sólo miraban atónitos.
- ¿Qué pretendo? – Billie sonrió con
satisfacción – hacerte pasar un lindo cumpleaños. No te niegas a aquello,
¿cierto, Becca? – ella negó con la cabeza lentamente.. Ok, de nuevo estaba
confundida y sorprendida.
- Genial, cuando termines, al auto.
Becca subió a su habitación y sacó un
bolso. ¿Qué clase de cosas metería allí? ¡Sí sólo supiera a donde irían!
Abrió el armario y, a falta de grandes
cantidades de ropa, tomó lo más simple: un par de jeans, un short y dos polos.
Metió también un par de sandalias y creyó suficiente con lo que tenía puesto.
Agarró su cepillo dental, una toallita
personal y una colonia y lo metió también.
- Creo que es suficiente – dijo para sí
misma, cuando tocaron su puerta. Becca fue a abrir.
Era Joey. Ya habían llegado.
- Becca… ¿A dónde vamos? – preguntó con
bastante curiosidad. A lo mejor ella sabía.
- Eso quisiera saber, ¿a ti también te
mandó a alistar cosas? – el menor asintió – Pues ni idea. Me confunde. Creo que
vamos a comer.
- Creo que vamos de camping. Sino no nos
hubiese mandado a guardar ropa.
- Cierto.
Ambos se quedaron en silencio, para nada
incómodo, que Joey rompió.
- Bueno… la pasaremos bien.
- Sí, no lo dudo.
Joey se fue a su habitación y Becca se
recostó en la cama. Quizás… debería meter
un traje de baño, pensó y lo hizo.
Cerró el bolso y se lo colgó en el
brazo, para bajar a primer piso.
No había nadie.
Fue a la cocina.
Vacío.
Al comedor.
Nada.
¿Qué?
Fue al garaje. Los autos: el de Billie,
el de Addie y el suyo, estaban ahí aún. Suspiró. Entonces aún estaban en sus
habitaciones. Se sentó en el mueble a mirar televisión pero en realidad no le
prestó atención. Tenía en mente un solo lugar.
Se paró y bajó al estudio. Abrió y se
topó con la sorpresa que Billie estaba ahí, él levantó la vista y la miró.
Ambos sonrieron.
- ¿Lista?
- Sí. ¿A dónde vamos? – preguntó sin poder
ocultar su curiosidad. Y lo peor era que sólo él lo sabía.
- A un lugar.
- Eso no ayuda para nada.
- Ese es el punto – se quedaron el
silencio -. Mike y Tré también vienen – comentó.
- Genial. ¿Ellos saben?
- Sí, pero no van a decirte nada.
- Oh. - Se quedaron de nuevo en silencio.
- ¡Billie! ¡No puedes no decirme!
- En realidad sí.
Becca estaba al borde del colapso. Lo miró
con fingida molestia, que no era tan fingida después de todo, y se fue de ahí,
hacia el primer piso.
Ahí estaba Addie, Jake y Mike.
La primera le sonrió. Y, después de que Joey
bajara, suban al auto, llegara Billie y marcharan hacia la casa de Tré, quien
esperaba, emprendieron camino hacia el lugar incógnito que soló los tres
músicos sabían, pero no estaban autorizados a hacérselo saber a la cumpleañera.
Ni bien tomaron la interestatal 880 en
dirección sur, Joey tomó una tela y vendó los ojos de Becca.
- ¡No! ¡Voy a marearme!
Fue lo que dijo pero, a pesar de sus
quejas, la vendaron igual. Mientras tanto, Jake, que también desconocía a donde
iban, preguntaba si iban a Disney constantemente. Realmente quería ir. Pero ese
no era el destino.
Por otra parte, estaba Joey, que sí
sabía a donde iban, pero hacía como si no. Porque, si Becca se enteraba que era
él consiente del lugar y si le pedía que se lo dijera, no iba a poder callar.
Mike y Tré, disfrutaban el sol en el
auto de al lado. Sí, no iban en el mismo auto. Iba ser imposible que los seis
fueran en uno. El cambio lo hicieron en la casa de Tré, donde Mike pasó a su
auto y los que quedaron fueron mucho más cómodos.
El camino fue, después de todo, algo
tranquilo, con música y aire acondicionado.
-
¿Billie? – preguntó la adolescente.
Ese gruñó haciéndole saber que la
escuchaba.
- ¿Falta mucho?
- No. Media hora en mucho.
Ya habían estado en el auto como por una
hora y, gracias al poco tráfico, no iban a tardar mucho.
A los quince minutos, Becca pidió que
bajaran las ventanas, había comenzado a estornudar.
- Quizás eres alérgica al aire
acondicionado – le dijo Adrienne apagándolo. Y efectivamente, era eso. A los
cinco minutos Becca ya estaba mejor.
Siguieron el camino y, a esa altura,
todos sabían ya a donde iban… excepto Becca por la culpa de su venda.
El aire que pasaba se volvió más frío y
fuerte. Becca puso sus cinco sentidos en alerta. Olía… olía a mar.
- ¿La playa? ¿Vamos a la playa? – exclamó
ella sin poder disimular su fascinación.
- ¿Cómo lo sabes? ¿Estás haciendo
trampa? – preguntó Billie sin quitar la vista del volante.
- Claro que no, huele a mar… y suenan
las olas.
- Ah. Bueno sí. Vamos a la playa – Billie
sonó algo desilusionado, quería ver su cara al ver el mar frente a ella.
- ¡Genial! – Becca tenía ganas de gritar
de alegría y Billie se percató de eso, tras lo que se dirigió la mayor de sus
hijos.
- ¿Cómo sabías que eso era precisamente
lo que ella quería, Joey?
- Una vez me dijo que nunca había ido a
la playa por su cumpleaños, porque en su país es invierno – contestó con simpleza.
Becca no pudo evitar esbozar una tonta
sonrisa en el rostro.
- Gracias, Joey. Te amo.
Él se sonrojó, ella no lo notó y Billie se
hizo el loco. Y al cabo de otros veinte minutos habían llegado a una hermosa
playa: Santa Cruz Beach Boardwalk.
Desataron a Becca y ella quedó más
maravillada de lo que pensó. ¡Era una playa con un parque de diversiones! Y Jake,
por supuesto, que al saber que no irían a Disney se había desilusionado, volvió
a irradiar felicidad.
Parte de la tarde se la pasaron en los
juegos. Becca subió cuatro veces a la montaña rusa. Una con Tré, la otra con Joey,
la otra con Mike y la final con Billie, a quien tuvo que rogar para que subiera
con ella.
- Por mi cumpleaños… - rogó poniendo
cara de niña tierna. Obviamente Billie no se resistió.
Como a las tres de la tarde, se fueron a
ver el mar, porque nadie a excepción de Billie y Becca, habían llegado traje de
baño. Pero Billie no se resistió y la cargó a la cumpleañera, y la llevó hasta
el mar. Y cuando el agua le llegó a la altura de la cadera y Becca no dejaba de
gritar “por favor no” la soltó y esta se hundió en el agua por una milésima de
segundo.
Los demás miraban y reían desde la
orilla, incapaces de ir y unirse a ellos, pero Billie salió inocentemente y
tomó a su esposa, a quien tiró del mismo modo.
Entonces Mike y Tré se miraron de forma
cómplice y cargaron a los más pequeños de la familia, para unirse a los demás
en el agua, con todo y ropa.
Por suerte, habían dejado en el auto sus
respectivos teléfonos, sino se hubiesen malogrado, pero no les importó en ese
momento, sólo estaban pasándola bien.
Como toda una familia.
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COMPLETAMENTETARDE.
Si hay suerte, suya o mía, subo el siguiente hoy también.
COMPLETAMENTETARDE.
Si hay suerte, suya o mía, subo el siguiente hoy también.
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